• 8-abr-2020.

México aparece por primera vez en el mapa en 1544

El mapa de Battista Agnese
Guillermo G. Espinosa

 

El año 1519 es notable en todo esto. La expedición de Hernán Cortés comienza al mismo tiempo que el primer viaje de circunnavegación en el planeta. El territorio de lo que hoy es México fue trazado entero en 1544 en una carta universal del siglo XVI, acumulando un conocimiento marítimo de medio siglo que pacientemente había llevado a la Corona española a lo que se llamaba el Padrón Real...

 

La idea de México en el imaginario mundial ha sido generada a lo largo de siglos por voces, mapas, cartas, libros, calendarios, tarjetas postales, diarios, revistas, radiodifusoras, televisoras, cinematógrafos y cibermedios, en un lapso que va del siglo XVI al XXI. El año 1519 es notable en todo esto. La expedición de Hernán Cortés hacia lo que hoy es México comienza al mismo tiempo que el primer viaje de circunnavegación en el planeta. Entonces, las cartas marítimas se transforman, mientras que los mapas, celosamente resguardados de los espías y los ladrones, dan sentido a la existencia de un mundo realmente global.

El territorio de lo que hoy es México fue trazado entero en una carta universal del siglo XVI, acumulando un conocimiento marítimo de medio siglo que pacientemente había llevado a la Corona española a lo que se llamaba el Padrón Real, una carta general de navegación –de las primeras que abarcaron el planeta entero– oculta en un salón de la Casa de Contratación, en Sevilla, lo más lejos posible de los mirones de otros reinos.

La autoría de ese mapa de 1544 es atribuida a un genovés llamado Battista Agnese, que trazó los contornos de la península de Baja California, Yucatán y el golfo de México. La información era insuficiente aún para configurar toda América del Norte, pero la zona media continental ya aparecía en la construcción de un mundo distinto al que había girado en torno a los mares Rojo, Negro y Mediterráneo, entre Europa, Asia y África.

 

El mundo se amplía

Este concepto parcial del mundo prevalecía desde un mapa del siglo III, dibujado por el astrónomo romano Ptolomeo y reelaborado una y otra vez durante la Edad Media, hasta su última versión conocida de 1482. Los viajes de Cristóbal Colón hacia occidente (1492-1504) y los de Fernando de Magallanes y Sebastián Elcano alrededor del mundo (1519-1522), partieron de esa base de conocimiento.

Al comienzo del siglo XVI, una vez que Colón había hecho cuatro viajes a las “Indias Occidentales”, no existía la certeza de que América fuera un continente y aún se creía que era un conjunto insular, que incluía en el sur un enorme pedazo de tierra conocido como Brasil. La circunnavegación arrojó la obra de Ptolomeo a la obsolescencia.

En el siglo XV, el hallazgo de un nuevo continente que para sí misma hizo Europa tornó el horizonte hacia el poniente y lo convirtió en su Dorado y en el hogar de las amazonas. Tres siglos antes de nuestra era, la mirada había estado en dirección oriente, cuando Alejandro Magno fue hasta Afganistán e India. Más de un milenio y medio después, Marco Polo conectó a la Venecia medieval con China, en el siglo XIV.

El planisferio de Alberto Cantino de 1502 es posiblemente el que mejor refleja la sensación de aquel gran encuentro, no solo por la belleza y color de sus trazos, sino sobre todo porque muestra el contorno oriental del continente americano, el Caribe, el golfo de México, Yucatán, Florida y porciones de Centro y Sudamérica. Los espacios de terra ignota se desvanecen en el mar.

Un mapamundi del portugués Diego Ribero de 1529 dio más forma al continente americano al incorporar información del periplo de Magallanes- Elcano. En este documento, el más antiguo de la cartografía que sobrevive hasta el siglo XXI, América recibe el nombre de Novus Mundo y en él se aprecia toda la costa atlántica de lo que hoy son los Estados Unidos; carece, sin embargo, de dos grandes segmentos del lado occidental, uno en la región de América del Norte y otro en Sudamérica. Los circunnavegantes habían tocado el estrecho de Todos los Santos, en la punta remota de la Patagonia, el 1 de noviembre de 1520, pero aún se desconocían las frías tierras andinas de los incas y los ardientes desiertos de las Californias.

 

La invención (cartográfica) de América

A Juan de la Cosa, cartógrafo español que acompañó a Colón en dos de sus viajes y conoció a Américo Vespucio, se atribuye la más antigua representación de América en un mapa portulano de alrededor de 1500, de una técnica medieval que dibuja las costas, su toponimia y sus coordenadas. La historiografía lo presenta como el primero conocido, aunque el continente americano aparece como una larga isla con referencias generales imprecisas y no lleva su nombre actual.

En aquel mundo de la modernidad, la circulación de información no enfrentaba tantas barreras como se pretendía desde los palacios reales. En 1507, el alemán Martin Wadseemüller produjo con la técnica ptolomeica un mapamundi mural en el que una franja de tierra lleva el nombre de “América”, siendo el más viejo registro de la denominación continental; en el libro del mismo autor, Cosmografía universal, se explica que la designación es en honor del italiano Amerigo Vespucci. En 1544, Sebastian Münster hizo en Alemania otro mapamundi que ya toma en cuenta la información global de Magallanes y Elcano, y forma parte del libro Cosmografía.

El planisferio de Cantino de 1502 proyectó la representación del mundo como lo conocemos ahora, con Europa en el centro. Refleja el arte, los símbolos y el conocimiento de aquellos europeos que transitaban por el renacimiento de la ciencia y las artes. América es todavía una lengua de tierra. Existe la versión de que este mapa fue copiado del Padrón Real de Portugal y, muy a pesar del sigilo, fue llevado a Italia, donde se le resguarda aún. Para entonces, Vasco Núñez de Balboa no había visto “la Mar del Sur” desde una cima de los Andes (1513), ni Diego Hurtado de Mendoza (1532), Hernando de Grijalva (1533)1 ni el propio Cortés (1535) habían tocado la costa occidental de América del Norte constatando palmo a palmo las dimensiones continentales.

 

México en el mundo

Porciones del territorio de la Nueva España fueron apareciendo en mapas y planos elaborados por la gente que acompañó a Cortés. No hay en ellos una idea completa de los territorios de la América media ni de la del norte. Era una versión parcial.

El mapa de Agnese de 1544, con Céfiro y las demás deidades del cielo y los vientos, pudo haber sido la primera representación total de este país que ahora llamamos México, en un mundo que apenas hacía acopio de la totalidad terráquea, construyendo un sistema de transporte y comunicación mundial.

Los europeos superaban así imaginarios colectivos medievales de leyenda y asumían que el planeta era esférico y que al final del horizonte no había ni una cascada al vacío ni una isla con sirenas, ni tampoco ese monstruo “engulletodo” al que llamaban Leviatán (en el siglo XVII vendría el filósofo político Thomas Hobbes a decir que ese animal era en realidad el Estado moderno).

Cuando el territorio mexicano (de hoy) emerge en aquel planisferio de Agnese de 1544, había ya la certeza astronómica y física de que el mundo era una esfera, pero su constatación marítima apenas estaba en proceso de consumación.

La historiografía atribuye generalmente a la misión de 1518 de Juan de Grijalva haber visto tierra mesoamericana por primera vez, al desembarcar en “la isla” de Yucatán y recorrer las costas de Tabasco y Veracruz, aunque ya de tiempo atrás los españoles establecidos en Santo Domingo y La Habana tenían noticia de civilizaciones continentales en lo que a partir del siglo XX el antropólogo alemán Paul Kirchhoff llamaría Mesoamérica. Un sacerdote del clero secular, Juan Díaz, capellán de la fuerza expedicionaria de 1518, escribió un relato de esos hechos en un libro titulado Itinerario de la Armada, cuya fecha de impresión es objeto de controversias, como la de muchos otros libros de aquella primera fase de la actividad editorial.

Distantes estaban aún los días en que Pedro Mártir de Anglería reportara en sus cartas a los pontífices católicos los episodios de la colonización y las descripciones de América hechas por los navegantes que llegaban a Cádiz en la primera mitad del siglo XVI y que el propio religioso ítaloespañol recogía de viva voz y pluma en mano.

El interés que despertó Anglería fue superior a las populares novelas caballerescas de aquellos tiempos. Era la realidad misma. Su obra, traducida al latín, italiano y alemán, recuperaba también el testimonio sobre la tierra media de América, ese ombligo de la luna que es México, con lo que este territorio se incorporaba a la cartografía y a la comunicación mundial.