Legalización e incremento en el consumo del opio

Plata y opio

Javier Torres Medina

China y la plata mexicana. Todavía en el siglo XIX China no estaba dispuesta a comerciar con Occidente debido a su autosuficiencia económica y solo autorizaba exportaciones (seda, porcelana, té, etcétera) desde el puerto de Cantón, estrictamente vigilado por las autoridades imperiales chinas. Así, las relaciones comerciales eran favorables a China porque los europeos se veían obligados a pagar con plata mexicana la creciente demanda de sus productos, única mercancía aceptada por el imperio oriental. Los ingleses, frente al enorme desbalance comercial y sin productos que les interesaran a los chinos, promovieron el tráfico de opio a gran escala a través de la Compañía Británica de las Indias Orientales. Así intentarían recuperar los cientos de millones de pesos plata que habían pagado en los primeros decenios del siglo.

 

Primera Guerra del Opio, 1839-1842

Conforme aumentaba la dependencia al opio de los ciudadanos chinos, aunado a que Gran Bretaña se enriquecía cada vez más con la plata a cambio del opio, las arcas del imperio chino se vaciaban. En 1839, por orden imperial, las fuerzas militares intervinieron Cantón para destruir 1,300 toneladas de opio y arrestar a los comerciantes ingleses, responsables también de la degradación que sufrían los chinos. La reacción británica fue llevar la guerra a China con su potente marina y dirigirse hacia Pekín, para luego derrotar a todas las defensas chinas. Lograron imponer un humillante tratado por el que la monarquía inglesa obtuvo el monopolio del comercio legal del opio y Hong Kong pasó a ser territorio inglés.

En 1858 se legalizaron las importaciones de opio a China, lo que incrementó el consumo, el cual llegó a 13.5 millones; para 1900 se consumían 39,000 toneladas al año. Según datos, en 1906 el veintisiete por ciento de la población adulta de China tenía una dependencia al opio, lo que significaba entre trece y cuarenta millones de personas, si se tiene en cuenta que la población de la época era de alrededor de cuatroscientos millones. William Jardine, el mayor de los traficantes ingleses de opio, reveló en una carta personal que “en los buenos años las ganancias brutas llegaban a veces a mil dólares por una caja”. A su regreso a Inglaterra compró una isla y fue condecorado por la reina Victoria.

Otro beneficiario del comercio de la droga fue Estados Unidos. El monto de las transacciones entre China y este país subió de nueve millones de pesos en 1845 a veintidós millones en 1860 debido al opio. Japón también abrió sus puertas al comercio extranjero después del cañoneo del comodoro Perry sobre Yokohama con el que convencieron a los japoneses de las bondades del libre comercio. El comercio del opio tuvo un éxito casi inmediato, además de que consolidó y restructuró la ruta del tráfico de la plata que se había mantenido desde la época de la nao de China. El metal precioso que se acumuló en China entre los siglos XVI y XVIII terminó en el Banco de Inglaterra, vaciando los cofres del celeste imperio.

 

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Javier Torres Medina. Doctor en Historia por El Colegio de México. Profesor de Historia de México del siglo XIX en la FES Acatlán-UNAM. Sus investigaciones se han enfocado a la historia económica, específicamente en temas de historia fiscal y monetaria. Entre otras obras, ha publicado Centralismo y reorganización. La hacienda pública y la administración durante la primera república central de México, 1835-1842, y La consumación de la independencia en Querétaro. “El abrazo de San Juan del Río”, 1820-1821.

 

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