*Nota del editor:
Para la elaboración de esta guía nos hemos basado, fundamentalmente, en la ruta descrita por don Luis Castillo Ledón en Hidalgo. Vida del héroe (1948-1949). También hemos recurrido a las investigaciones sobre Miguel Hidalgo del historiador Carlos Herrejón Peredo, en especial a su obra La Ruta de Hidalgo (INEHRM, 2012). Asimismo, recomendamos el libro Diccionario de la Independencia de México (UNAM-IIH, 2010), coordinado por los investigadores Virginia Guedea, Ana Carolina Ibarra y Alfredo Ávila, y en el que participan más de doscientos académicos con breves ensayos. Para saber más, son insustituibles las primeras historias de la guerra de independencia escritas en el siglo XIX por Carlos María de Bustamante y Lucas Alamán; en internet se pueden encontrar ligas de descarga de todas estas obras.
El incontenible crecimiento de la insurrección
Decididos Hidalgo y Allende a caer sobre la Ciudad de México, pasaron la noche en Zinapécuaro y el 22 de nuevo ocuparon Acámbaro. El crecimiento diario del ejército obligaba a dividirlo en regimientos de mil hombres y nombrar coroneles para cada uno. Todos los oficiales ascendieron de grado, e Hidalgo fue aclamado generalísimo; Allende, capitán general; Jiménez, Abasolo, Aldama y otros, tenientes generales. El cura vestía uniforme militar: casaca azul, vueltas y solapas en rojo, bordados de oro y plata, y en el pecho exhibía una placa de oro con la Virgen de Guadalupe. Los oficiales se distinguían por las insignias, y sus uniformes eran parecidos a los del ejército realista.
Muy cerca de Acámbaro, el intendente de Puebla, Manuel de Flon, al que llamaban conde de la Cadena, había tomado Querétaro. En un manifiesto aseguró que iba a “aniquilar la gavilla de ladrones que han reunido los dos monstruos americanos, cura de Dolores y Allende”, pero antes de salir de la ciudad amenazó a los pobladores: “Vosotros habéis de ser también los defensores; pero si contra mi modo de pensar sucediese lo contrario, volveré como un rayo… y haré correr arroyos de sangre por las calles”. Con sus regimientos, De Flon retrocedió a Dolores, en donde esperó reunirse con el comandante realista Félix María Calleja el 28 de octubre.
A los insurgentes les llegaron noticias de alzamientos en distintos puntos de la región. El licenciado Ignacio López Rayón, de Tlalpujahua, se unió a la lucha e Hidalgo lo nombró secretario de despacho. Los insurrectos que contaban eran más de 50,000, y la necesidad de abastecerlos resultaba muy difícil; ante ello, la inmensa masa humana cubrió un amplio territorio, y por caminos y veredas distintos se dirigió hacia Toluca.
El 23 de octubre Hidalgo llegó a Maravatío. Con su ejército transitó durante tres días por la hacienda de Pateo (hoy Melchor Ocampo), Tepetongo y la Jordana, para llegar a San Felipe del Obraje (hoy del Progreso), en donde se recibieron los cañones fundidos en Guanajuato. El día 26 llegó a Ixtlahuaca. Al paso del ejército, sus filas se engrosaron y en cada pueblo fue recibido con aclamaciones y repiques de campanas. Se arrancaban de las puertas de las iglesias los edictos y, en general, los españoles huían despavoridos. El cura siempre era hospedado en las casas de los principales criollos.
El domingo 28, a mediodía, el ejército comenzó a entrar a… continúa leyendo en el artículo completo en la revista 215.
Referencia:
La redacción, “La ruta de Hidalgo: Independencia y libertad de la nación: La insurrección en Guanajuato y Michoacán”, Relatos e Historias en México, núm. 215, Septiembre, 2026, p. 42-45.

