EL HOMBRE FUERTE DEL NORTE II

Vidaurri  y el sitio de la Ciudad de México

Celeste Bernal González

El sitio de la Ciudad de México

El Ejército de Oriente se aproximó a la Ciudad de México el sábado 13 de abril de 1867. Procedentes de Texcoco tomaron la Villa de Guadalupe que se encontraba en poder del ejército al mando del general Ramón Tavera. Al ser desalojados se replegaron al interior de la capital. Ese cambio de posiciones fue aprovechado por los republicanos. Después de instalar sus campamentos comenzaron a trabajar en la línea de “aproches”, es decir, en la preparación que se hace al terreno de una plaza con el propósito de sitiarla. El general Porfirio Díaz acaudillaba dicha fuerza, cuya comandancia del Cuartel General estableció en la Villa. En mayo la trasladó a Tacubaya debido al incremento de sus tropas.

El comandante en jefe del Ejército de Operaciones en Querétaro, don Mariano Escobedo, le envió refuerzos entre los que destacaban los prestigiados oficiales del Ejército del Norte y de Occidente. En total sumaron 25,000 hombres.

El sitio se cerró y comenzaron las operaciones. El general Leonardo Márquez, lugarteniente del imperio, organizaba la defensa con un contingente que ascendía a 12,000 efectivos. Como suele suceder en un hecho de armas de esta naturaleza, la escasez de víveres de todo tipo perjudicaba en gran medida a los sitiados y a la población civil que no tenía la posibilidad de dejar sus hogares. Tacubaya se volvió el refugio más seguro para familias enteras que lograron salir. En sus calles se establecieron numerosos puestos que comercializaban una gran variedad de artículos y alimentos. Se podía adquirir semillas, carne, verduras, pan; hasta ropa y efectos de mercería. Por su parte, los hacendados de los alrededores solicitaron se les permitiera ingresar para vender su producción de pulque, pues las pérdidas los arruinaban conforme pasaba el tiempo. El general Díaz convino en costear una parte de los gastos de recolección. De esta manera, pudo abastecer a sus soldados con una ración al día.

La primera semana de junio, Márquez intentó hacer una salida a viva fuerza. En el primer asalto la suerte lo favoreció y destruyó al batallón de caballería del coronel Venancio Leyva. Con el objetivo de frustrar la maniobra, Díaz reorganizó su plan; tomó el mando del primer batallón de Oaxaca de la brigada del coronel Luis Mier y Terán. Junto a otros dos oficiales detuvo la salida; luego, para impedir su avance, empleó a la caballería. Le cortaron el paso. Acto seguido, la artillería fue descargada sobre las unidades de Márquez. De acuerdo con los documentos de la jornada, el campo quedó cubierto de muertos y heridos. Aunque los sitiadores intentaron auxiliarlos, el fuego enemigo no se los permitió. La mayoría de los lesionados falleció por falta de atención médica.

El desastre obligó al lugarteniente a retroceder con el resto de sus huestes. Después de ese encuentro no volvió al campo de batalla. En tanto, se hablaba de la captura del emperador y sus generales en Querétaro; pero Márquez se encargó de desmentir la noticia. Algunos creyeron en su palabra, ¿quién podría dudar del hombre de confianza del emperador? Por su parte, los oficiales del regimiento de húsares que pertenecía al cuerpo de voluntarios austriaco, el teniente coronel Alphons von Kodolitsch y el capitán primero Johannes Carl von Khevenhüller-Metsch, estaban seguros de la veracidad del acontecimiento. En consecuencia, enviaron un despacho para pedir al general Díaz les permitiera salir con su contingente. Aceptó y les brindó todas las facilidades para hacerlo. Sin perder tiempo abandonaron Palacio Nacional, recinto en el que se alojaban. Se dirigieron al puerto de Veracruz, de ahí zarparon a Europa. El imperio en la capital tenía las horas contadas. A Márquez no se le volvió a ver después del fracaso que costó la vida a muchos de sus soldados. Toda la responsabilidad recayó en manos del general Tavera que en la medida de sus posibilidades defendía la plaza; al enterarse de los fusilamientos en Querétaro, comprendió que su causa estaba perdida.

La tarde del jueves 20 de junio envió en comisión a tres de sus oficiales de confianza al cuartel en Chapultepec. Ahí se encontraba Díaz. A través de un monóculo vio que se acercaban. No tomó ninguna precaución pues intuyó el motivo de la visita. Llamó al general Ignacio Alatorre para que se entendiese con ellos. Le advirtió categórico que sólo podía aceptar la rendición sin condiciones de ninguna índole. Los recibió en su tienda. La capitulación se llevó a cabo sin contratiempos. En tono sereno acordaron los cinco capítulos que integraban el escrito bajo el que se arregló la entrega de la plaza. Estos comprendían el cese de las hostilidades; la protección de la vida, las garantías y la libertad de los habitantes pacíficos; la concentración de todas las tropas rendidas, mismas que podrían conservar sus espadas; y la vigencia de lo estipulado que comenzaría a tener efecto las primeras horas del día siguiente.

Firmaron al calce los señores generales del ejército imperial: Miguel Piña, Carlos Palafox y Manuel Díaz de la Vega, así como el comisionado por parte del Ejército de Oriente, don Ignacio Alatorre. Más tarde, el documento fue ratificado por los comandantes de los ejércitos contendientes. En el papel la guerra había terminado, en la realidad todavía quedaban cuentas por ajustar. Termina esta interesante historia en el artículo completo dentro de la revista edición 216.

¿Cómo citar este artículo?
​Celeste Bernal González, “El hombre fuerte del Norte. Los últimos días de Santiago Vidaurri”, Relatos e Historias en México, núm. 216, Octubre, 2026, pp. 58-69.


*Celeste Bernal González
Maestra en Historia de México por el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara. Especialista en historia militar del siglo XIX en México, con énfasis en la guerra de Intervención Francesa, el Segundo Imperio y la figura de Mariano Escobedo. Ha publicado diversos artículos de divulgación en *Relatos e Historias en México* y ha participado en ciclos de conferencias en los museos del Fuerte de Guadalupe, Historia Mexicana de Monterrey, Nuevo León, y Fuerte Casamata de Matamoros, Tamaulipas; además, se desempeñó como coordinadora del Archivo Histórico y Hemeroteca Municipal de Matamoros en el periodo 2024-2025.