Cuando Moctezuma II hurtó unas bellísimas mazorcas

| Anecdotario

Ricardo Lugo Viñas

En su erudito y fascinante libro *Moctezuma. Apogeo y caída del Imperio Mexica* (Era, 2014), el historiador belga Michel Graulich cuenta varias anécdotas que ayudan a comprender mejor la vida y personalidad del trágico *huey tlatoani* Moctezuma Xocoyotzin, que gobernó el imperio entre 1502 y 1520, año de su sombrío asesinato.

Moctezuma II fue el noveno gobernante mexica —hijo de Axayácatl y bisnieto de Moctezuma Ilhuicamina, ambos *tlatoque* de Tenochtitlan—, y su época y reinado fue el más notable de toda la historia de ese pueblo hasta que, como sabemos, su dinastía se derrumbó con la llamada Conquista de México.

En tal biografía, Graulich emprende la difícil tarea de narrar la vida de un emperador marcado por el destino, así como de su mandato antes de la llegada de los europeos. Así pues, cuenta que Moctezuma nació hacia 1467, en el barrio de Atícpan, en Tenochtitlan, y que tuvo numerosos hermanos mayores, como Ixtlilcuecháhuac y Macuilmalinalli, reyes de Tula y Xochimilco, respectivamente.

Hacia los 11 años, Moctezuma ingresó al colegio donde estudiaban los niños de la familia real, el *calmécac* de Tlillan, que estuvo donde ahora se encuentra la Plaza Torres Quintero, en San Sebastián Atzacoalco, cerca de Tepito. La educación ahí era muy estricta. Comía tortillas —como todos los demás— que los sacerdotes le tiraban al piso como perro. Ahí aprendió a usar las armas, a barrer el templo, a hablar bien y cortésmente; sobre religión, administración, justicia e historia.

Cualquier falta de disciplina se castigaba a latigazos o con espinas de maguey. Pero también había tiempo para el juego. Moctezuma imaginaba que era un gran guerrero y un jefe implacable, como algún día, en efecto, lo sería; durante su reinado, con él a la vanguardia, acumularía 18 victorias contra sus enemigos. Aunque en ocasiones ostentoso, Moctezuma se caracterizó por ser “virtuoso, sabio y mesurado”. Durante su periodo echó a andar múltiples reformas y, como una más de las facultades de su cargo, se esforzó por hacer cumplir las leyes con rigor.

Se cuenta que, cierto día, mientras cazaba aves en Xochimilco, ya siendo emperador, Moctezuma cortó de una huerta unas mazorcas que le parecieron bellísimas. Luego buscó al dueño del vergel y le pidió permiso para llevárselas, pero éste lo confrontó… Siga leyendo en el artículo completo.


¿Cómo citar este artículo?

Ricardo Lugo Viñas, “El emperador le devolvió la broma. Cuando Moctezuma II hurtó unas bellísimas mazorcas”, Anecdotario, Relatos e Historias en México, núm. 217, Noviembre, 2026, pp. 11.

*Agustín Sánchez González

Historiador especializado en caricatura mexicana e investigador en el **INBAL**. Ha publicado una treintena de libros; entre ellos, *100 años de caricatura en El Universal* (2017) y *Posada. Fantasías, calaveras y vida cotidiana* (2014). En 2019 obtuvo el **Premio Nacional de Periodismo Cultural René Avilés Fabila** y ha sido galardonado con el **Premio al Desempeño Académico en el INBAL** (2008 y 2021).