Berta Singerman: La “Lira Viviente” y la magia de la declamación
Cuando exploramos en las profundidades de los archivos históricos y la hemerografía de la primera mitad del siglo XX, encontramos a un sinnúmero de mujeres extraordinarias que cubren con fotografías e informaciones las páginas de los diarios. Sólo en excepcionales casos podemos reconocer a unas cuantas como a la argentina Berta Singerman, “la bella y gentil recitadora, la de la maga expresión, la embajadora de la poesía”, que el periodista Julio Zavala definió como “la gran declamadora de los príncipes de la poesía”.
Uno de los registros más nostálgicos de las presentaciones de Singerman tuvo lugar en el imponente Palacio de Bellas Artes, pues un joven Carlos Monsiváis, en 1965, tuvo la oportunidad de asistir a la que sería la última presentación en México de la extraordinaria recitadora. Un lustro después, en su trabajo *Días de guardar*, el intelectual detalló aquella experiencia: “Bertha Singerman convierte el escenario en altar, impulso, cualidad retrospectiva: vuelven los veintes a nosotros, regresan los treintas, se reintegran los cuarentas, las edades felices que han cumplido con su deber primordial de resultar inolvidables […] Bertha Singerman se exalta, avanza, retrocede, domina el escenario”. También fue retratada por el pincel de Carlos Mérida en 1927 y representada por Diego Rivera en uno de los murales del edificio de la Secretaría de Educación Pública, ya que, en su tiempo, Singerman representó la salida de la “alta cultura” a las calles, al pueblo.
Por lo anterior, gran sensación causaba en los círculos intelectuales, políticos y académicos el arribo de Berta Singerman a México, pues desde 1923 su fama internacional apenas estaba arrancando y, para mediados de los años sesenta, ya era una artista y recitadora consolidada. Así, con un profundo interés por la trayectoria de Berta, Enrique Díez-Canedo —uno de los críticos de arte, poeta, periodista y traductor madrileño más importantes del siglo pasado— frecuentemente publicó en la prensa retratos literarios sobre Singerman. En ellos, el crítico mostraba la ferviente admiración que sentía por ella, por su arte, por su aporte al movimiento reteatralizador; es decir, por sacar la poesía de los libros a las calles y a los escenarios de las más importantes plazas de Europa y América Latina.
Singerman la intelectual
Berta Singerman nació en Minsk, Rusia, en 1903 (algunas fuentes indican 1901 o 1907) y murió en Buenos Aires, Argentina, en 1998. Actriz y recitadora de origen ruso naturalizada argentina, fue conocida en Latinoamérica como la “Lira Viviente”, aunque Sandra McGee también la describió como “una actriz trasnacional con ideas izquierdistas”. Heredera de ideologías socialistas, su familia se exilió en Argentina por la represión y persecución zarista de principios del siglo XX.
No obstante, se puede asegurar que su padre Aaron Singerman fue la influencia más importante que impulsó el desarrollo de sus habilidades artísticas pues, según McGee, desde muy corta edad con su padre y su hermana menor, Paulina Singerman, participó en una gira por Buenos Aires donde presentaban obras de teatro en lengua ídish o yidis. Su preparación profesional la llevó a cabo en el Liceo Nacional de Buenos Aires y en la Biblioteca del Consejo Nacional de Mujeres. En el Liceo estudió literatura española y declamación, para después incursionar en el teatro y en la recitación; ahí comenzó su vida artística, pero, como señalan los testimonios de la época, la riqueza cromática de su voz, su sentido del sonido, el ritmo y el gesto la impulsaron a desarrollar la declamación profesional en América.
Otra de las grandes influencias para el despegue de su carrera fue la de su esposo, Rubén Stolek, un hombre que le doblaba en edad y que también fue su representante. Al lado de él, Berta Singerman formó parte del reconocido Grupo Anaconda, al que estaban integradas figuras como Horacio Quiroga, Samuel Glusberg y Alfonsina Storni. En *Días de guardar*, Monsiváis cuenta que la declamadora difundió la obra de Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou, además de que tuvo una amistad muy cercana con Gabriela Mistral, Pablo Neruda, José Vasconcelos, Alejo Carpentier, Oswald De Andrade y los pintores brasileños Tarsila Do Amaral y Lasar Segall; según McGee, Singerman igualmente sostuvo amistad con los españoles Federico García Lorca, Rafael Alberti y Ramón del Valle-Inclán.
De su padre heredó los ideales socialistas y de izquierda, tanto que los numerosos viajes que hizo a la España prefranquista la llevaron a identificarse como republicana. Para ella, la República española significaba un proyecto de justicia social y libertad; para apoyar la causa, ofrecía funciones a beneficio de los republicanos, además de suscribir un sinnúmero de manifiestos en contra de Francisco Franco: “Todos soñábamos con la revolución, con la república. Creíamos que el mundo podía ser diferente”, afirmó Singerman en su autobiografía.
La artista, la declamadora
Berta Singerman, antes de ser la declamadora más importante de Latinoamérica, durante la década de los veinte y treinta del siglo pasado fue actriz de cine en Hollywood en películas en español. Sobre este fugaz episodio por el séptimo arte, la recitadora participó con el papel protagónico en la película silente *La vendedora de Harrods*. Después actuó en *Nada más que una mujer* (1934), que era la adaptación en español de la película *Pursued* de Louis King; se ha asegurado que el público fue particularmente cautivado por su actuación.
Por otra parte, ha quedado el registro sonoro de una compilación de poesía recitada por Singerman que la productora de discos Odeón puso en el mercado en 1931. En dicha producción se puede escuchar a la artista declamar obras de Rubén Darío (*Marcha triunfal*), Leopoldo Lugones (*El canto de la angustia*), Juan de Parra (*Polirritmo dinámico del jugador de futbol*), Arcipreste de Hita (*De las propiedades que las dueñas chicas han*), Carlos Sabat Ercasty (*Alegría del mar*) y Tristán Klingsor (*El soldadito de plomo*).
Sin embargo, la relevancia artística de Berta Singerman radica en que perteneció al movimiento cultural reteatralizador, pues según Mascato Rey, dicho movimiento apostaba por difuminar las fronteras entre los intérpretes y el público, además promovía “la renovación escenográfica, plástica y verbal, de mano de la pintura, la narrativa, la poesía, camino de un verdadero espectáculo interartístico”. Lee el artículo completo en nuestra revista y sigue enterándote de la vida y obra de Berta.
¿Cómo citar este artículo?
Saúl Iván Hernández Juárez, “La musa de la declamación. Berta Singerman y la teatralización de la poesía en América Latina”, Relatos e Historias en México, núm. 216, Octubre, 2026, pp. 70-79.
*Saúl Iván Hernández Juárez
Doctor en Historia por El Colegio de México. Profesor-investigador de la UASLP y miembro del SNII (nivel 1). Fue reconocido con una mención honorífica por el Comité Mexicano de Ciencias Históricas en la categoría de artículo de historia política (2021), un premio para proyectos de tesis de investigación histórica por el INEHRM (2018) y una mención honorífica en el premio Francisco Peña de San Luis Potosí a investigación histórica (2012). Ha escrito diversos artículos científicos y de divulgación sobre historia de las mujeres. Entre sus obras más recientes se hallan: *Mi esposo y mi nación: la nacionalidad de las mujeres casadas en México, 1886-1934* (2021) y *Prensa y racismo: la colonia china en San Luis Potosí, 1900-1930* (2024).

