Triste y conmovedora transcurre generalmente la vida del enfermo mental. Antiguamente se le consideraba un ser violento, peligroso, de conducta impredecible, o incluso poseído por el demonio, y se creía que era menester expulsarle esa presencia satánica a base de latigazos y otros castigos no menos crueles. También era común que se mantuviera a estos pacientes encadenados, aislados, incomunicados y con hambre, en sitios donde el hacinamiento y la suciedad tenían su imperio.
Pero a fines del siglo XVIII y principios del XIX, el médico francés Philippe Pinel sentó las bases de lo que podemos llamar un trato más humano para los enfermos mentales. Hizo su ejercicio profesional en el hospital de la Pitié-Salpêtrière, en París, donde logró desatar a los enfermos de las cadenas y herrajes que los contenían. Denominó a su nuevo método terapéutico “tratamiento moral”.
El paradigma de La Castañeda
En la capital de la Nueva España, durante la época colonial, los pacientes enajenados eran atendidos en el hospital de San Hipólito, si de varones se trataba, y en el del Divino Salvador, en el caso de las mujeres. Fray Bernardino Álvarez, sevillano, fundó y dirigió hacia 1566 el primero de estos, donde se aplicaba primordialmente la medicina herbolaria, en boga entre los nativos.
Varios siglos después, en septiembre de 1910 el presidente Porfirio Díaz inauguró en la ciudad de México el Manicomio General con cupo para mil pacientes, por los rumbos de Mixcoac. Este centro era conocido como La Castañeda debido a una antigua hacienda pulquera del mismo nombre que allí había existido. Se construyó bajo la dirección del ingeniero Porfirio Díaz, hijo del mandatario, y llegó a albergar hasta cuatro mil pacientes, entre dementes, alcohólicos, débiles mentales, epilépticos, criminales y sifilíticos.
Entonces era la época de la eugenesia, corriente médica preocupada por mejorar la especie humana. Aunque en México surgió durante el Porfiriato, tuvo su auge después de la Revolución, enmarcada en la reflexión de “las repercusiones de la modernización y la urbanización sobre la moralidad, la salud y la transformación de los valores familiares en una sociedad que atravesaba por una reestructuración profunda”.
De este modo, en México se propuso la esterilización de los “inferiores” y el aborto como opción para “mejorar la raza” y deshacerse de los “peligros sociales” que implicaban los adictos, prostitutas, menesterosos, indígenas y enfermos mentales. El matrimonio restringido se usó como opción para este racista y discriminatorio control de natalidad.Asimismo, los métodos utilizados en La Castañeda eran primitivos, agresivos y generalmente inútiles. Predominaba la piroterapia […]
Enfoques modernos
Fue hasta 1952 cuando el francés Henri Laborit desarrolló la clorpromazina, primer neuroléptico realmente eficaz para combatir algunas formas de locura. Surgió así el punto de partida que propició el desarrollo del amplio armamentarium de que dispone la psiquiatría actual, y esto facilitó el tránsito de la medicina primitiva, empírica, a la terapéutica científica, que acepta las bases biológicas de la conducta humana y del padecimiento mental.
En 1958 llegó a la presidencia de México Adolfo López Mateos, quien nombró al doctor José Álvarez Amézquita secretario de Salubridad y Asistencia. Este a su vez designó como director general de Neurología y Salud Mental al doctor Manuel Velasco Suárez, distinguido neurocirujano, humanista, de amplia cultura e ideas avanzadas, quien impulsó la creación de centros modernos de atención psiquiátrica, con enfoque científico, orientados hacia la naciente farmacología de los psicotrópicos y la terapia ocupacional.
Bajo la dirección de Velasco Suárez dio inicio la llamada Operación Castañeda y se fundó el hospital Cruz del Sur en Oaxaca y el Cruz del Norte en Hermosillo, Sonora. Se les dio estos nombres debido a que la Cruz del Norte es la constelación del Cisne, visible solo en nuestro hemisferio, en contraposición con la Cruz del Sur, cuyo eje mayor apunta al sur geográfico. Recordemos que ambas constelaciones eran la guía de los navegantes marítimos desde tiempos inmemoriales, así que, simbólicamente, nombrarlos de tal manera daba a esos hospitales una sensación de orientación y certidumbre. En ese periodo también surgieron el Hospital José Sáyago en el Estado de México, y después los hospitales Fray Bernardino Álvarez, para adultos, y Juan N. Navarro, para niños, en el sur de la ciudad de México.
Nace la Cruz del Norte
Años más tarde, en mayo de 1963 se colocó la primera piedra de lo que sería el Hospital Campestre Cruz del Norte, en un terreno cercano a la granja Mezquital del Oro, sobre lo que hoy es la calle Carlos Quintero Arce en la esquina con el boulevard Luis Donaldo Colosio. Se estimó un costo de construcción de nueve millones de pesos. El periódico El Imparcial de Sonora del 22 de marzo de 1963, señalaba que la obra se haría con recursos de la federación y el gobierno estatal, y añadía que era el más importante proyecto gubernamental.
Originalmente, según señalaba el mismo diario, la superficie de 44 hectáreas se distribuiría de la siguiente forma: 19 para cultivos varios, 10 para hortalizas, 7.5 para deportes, 7.5 para 16 edificios (la administración general, el centro médico, cuatro dormitorios para sesenta encamados cada uno, talleres, juegos de salón, granjas vacuna, porcina y avícola, y casa mortuoria). Y agregaba que “se construirán también casas para el administrador, los médicos, residentes y el director, además de una escuela y una guardería infantil”, además de contar con un moderno tractor.La Cruz del Norte, como se le conoce comúnmente, fue inaugurado el jueves 12 de noviembre de 1964 a las 9:50 horas, según lo constata El Imparcial, en un acto que duró diez minutos, encabezado por el presidente López Mateos y el exgobernador Álvaro Obregón Tapia. Su primer director fue […]
Los primeros internos del nosocomio fueron cuarenta hombres y cuarenta mujeres, seleccionados por el doctor Grajales del Manicomio del Estado debido a que ofrecían un mejor pronóstico para ser tratados.Posteriormente, la mancha urbana, la explosión demográfica y el lucro derivado de los bienes raíces cercenaron las hectáreas originales del recinto, hoy ocupadas por edificios federales y estatales, oficinas de sindicatos y casas habitación, entre otras construcciones. Fue así que hubo necesidad de retirarle el título de “campestre”.
La Granja
El hospital contaba con cuatro pabellones, dos para cada sexo, y cada uno con cupo para sesenta internos. Estaba dotado de quirófano, laboratorio de análisis clínicos, rayos X, odontología, además de talleres de zapatería, costura, cría de aves y otros servicios.
Desde su creación, la Granja, como también se le conocía, significó un apoyo para el antiguo manicomio estatal, pues algunos pacientes fueron trasladados al nuevo recinto.En sus informes de gobierno, el mandatario estatal Encinas rindió cuentas sobre el desempeño de la Granja. Por ejemplo, en 1963 señaló que el Manicomio del Estado funcionaba normalmente para aquellos enfermos sin posibilidad de curación y, con un presupuesto de 622 920 pesos, era sostenido de manera íntegra por el gobierno estatal. En cambio, en sus informes sobre la Granja “Cruz del Norte”, se contradice, sigue leyendo en el artículo completo […]
¿Cómo citarlo?
Raquel Padilla Ramos, “Los dementes en Sonora. La fundación del Hospital Psiquiátrico Cruz del Norte en 1964”, Relatos e Historias en México, núm. 85, Septiembre, 2015, pp. 72-77.
*Raquel Padilla Ramos
Doctora en Etnología con especialidad en Estudios Mesoamericanos por la Universidad de Hamburgo (Alemania). Es docente e investigadora del Centro INAH-Sonora y profesora de la Universidad Kino (Hermosillo). Compiladora de Conflicto y armonía. Etnias y poder civil, militar y religioso en Sonora y autora de Progreso y libertad. Los yaquis en la víspera de la repatriación, entre otras obras.

