Uno de los mejores ejemplos de la arquitectura posrevolucionaria
Inaugurado con el nombre de Teatro Cívico Álvaro Obregón en 1934, como parte del conjunto del mercado Abelardo L. Rodríguez, este recinto constituye uno de los mejores ejemplos de la arquitectura posrevolucionaria. Por su carácter y objetivos, desde un inicio fue llamado Teatro del Pueblo, nombre con el que se le conoce hasta hoy.
El estilo poético de Urbina se ha definido como romanticismo “contenido” o “pudoroso”, o modernismo “sobrio”. Él se refirió a su adaptación a ambas corrientes: “Los modernistas no me reputan como suyo porque me consideran romántico; los románticos no me tienen como suyo porque me encuentran modernista”.
Prieto animó con sus letras muchos de los periódicos mexicanos más importantes del siglo XIX, como El Monitor Republicano, La Orquesta, El Semanario Ilustrado, El Federalista, El Tiempo y El Universal.
La portada del número dos de Los Agachados muestra los perfiles de Calzónzin y de Gumaro a Secas; eran pasado y presente, los protagonistas de sus dos revistas, la historia que terminaba y la que comenzaba. Atrás quedaban Los Supermachos, fenómeno que había generado obras de teatro, una película, la búsqueda constante de ejemplares y el recuerdo en la memoria de la generación que se atrevió a enfrentarse al Estado en 1968 y en las décadas de los setenta y ochenta.
A mediados del siglo pasado los experimentos para dar color a la televisión tuvieron un gran auge. Era una época de asombrosas invenciones a nivel mundial y González Camarena destacó entre los científicos que contribuyeron al desarrollo de la novedosa tecnología que podía llevar imágenes directo a los hogares.
Video con la interpretación de "Moto Perpetuo" de Paganini
Rafael Méndez sobresalió por su increíble interpretación con trompeta de Moto perpetuo, la pieza clásica que Niccolò Paganini creó para violín. Para escucharla y deleitarse con sus sonidos, vea el siguiente video.
El avance del ejército estadunidense hacia el interior de México
En 1845 se le encomendó la defensa del país ante Estados Unidos; sin embargo, desobedeció la orden y regresó a la capital con su numerosa tropa, forzando la renuncia del presidente José Joaquín de Herrera. A inicios de 1846 juró como presidente. En plena invasión norteamericana y tras una revuelta encabezada por José Mariano Salas, Paredes fue depuesto y más tarde arrestado y exiliado a Francia.