• 17-sep-2019.

Los ajolotes de Velasco

Consuelo Cuevas-Cardona y Victor Javier Acevedo-Mota

José María Velasco llamó Siredon tigrina a la nueva especie de ajolote que descubrió. Sin embargo, con frecuencia a las especies se les cambia de nombre por diferentes razones taxonómicas. Alfredo Dugés, quien también formaba parte de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, en 1888 consideró que la especie descubierta por Velasco debía colocarse en el género Ambystoma, pero como ya había una A. tigrina, la nombró Ambystoma velasci.

Los ajolotes pertenecen a la clase de los anfibios, que fueron los primeros vertebrados en la historia del planeta en evolucionar de seres acuáticos a terrestres, por lo que muchos de ellos cuando son larvas viven en el agua, respiran por branquias y tienen cola, como los peces.

Sin embargo, al llegar a la vida adulta, adquieren extremidades y pulmones, lo que les permite vivir en tierra, aunque siempre cerca de ríos, lagos, lagunas o en lugares muy húmedos. Un ejemplo de este anfibio es, precisamente, el Ambystoma velasci, al que se conoce como ajolote del altiplano. En cambio, el Ambystoma mexicanum, al que se nombra ajolote mexicano, no sufre metamorfosis nunca, es decir, llega al estado adulto con sus características de larva y así se reproduce.

El ajolote del altiplano actualmente vive en zonas muy restringidas del Estado de México y de Hidalgo, mientras que el ajolote mexicano sólo se encuentra en el lago de Xochimilco. Ambas especies están amenazadas de extinción debido a que hasta hace pocos años eran muy apreciadas por su carne y se vendían por miles en los mercados. Ahora el mayor peligro que las amenaza es la reducción de su hábitat, debido al crecimiento urbano y a la contaminación.

Además de éstas, hay otras especies de ajolotes, tanto en el centro de México como en otras partes del país. Por ejemplo, la que es endémica del lago de Pátzcuaro, Michoacán, llamada por los purépechas achoque (Ambystoma dumerilii). Para poder validar su estudio, Velasco comparó las características anatómicas del Ambystoma velasci con las de ésta y otras cinco especies y demostró que nunca antes había sido descrita. 

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “El sorprendente ajolote” de los autores Consuelo Cuevas-Cardona y Victor Javier Acevedo-Mota y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 92.