A la operación de traducción y apropiación de música se le bautizó con una metáfora culinaria: la receta consistía en tomar un éxito anglosajón, freírlo de nuevo en la sartén del idioma y la sensibilidad hispanoamericanas, y servirlo caliente a una juventud que exigía rocanrol sin renunciar a la lengua materna. De esa cocina salieron, entre 1960 y 1964, cinco de las versiones más escuchadas y regrabadas de la historia del rock hecho en español, grabaciones que circularon primero por disqueras mexicanas y españolas y que, décadas después, seguirían siendo reinterpretadas por músicos de toda Latinoamérica.
La primera llegó de Nueva Orleans en la voz estridente de Little Richard, quien en 1958 convirtió “Good Golly, Miss Molly” en un himno frenético al baile desinhibido y a la fiesta sin freno protagonizada por una joven llamada Molly. Los Teen Tops, con Enrique Guzmán al frente, la rebautizaron en 1960 como “La plaga”, adaptando el modismo estadounidense a la jerga callejera capitalina, donde “la plaga” nombraba a la pandilla de amigos del barrio.
Un año antes, en 1957, Elvis Presley había popularizado “Jailhouse Rock”, pieza que narraba un baile espontáneo convocado por los propios reclusos de una prisión al compás de la banda del penal. Los Teen Tops volvieron a tomar la estafeta en 1960 con “El rock de la cárcel”; su *riff* de guitarra y la estructura *rockabilly* del original se convirtieron, de España a Argentina y desde luego en México, en un estándar obligatorio para toda agrupación de la llamada era dorada de los grupos de *garage*.
Ese mismo 1957, Larry Williams grabó “Bony Moronie”, declaración de amor cómica hacia una muchacha extremadamente delgada, devota del pantalón de mezclilla y del baile. Convertida en “Popotitos” por Los Teen Tops en 1961, la canción inyectó humor lúdico a un género hasta entonces asociado con la rebeldía.
La más melancólica de estas piezas versionadas al español llegó desde Liverpool: “Yesterday”, publicada por The Beatles en 1965, es una balada introspectiva sobre el desamor y la añoranza por la sencillez del pasado, certificada por organismos de derechos de autor como una de las composiciones más grabadas en la historia de la música popular. Su versión en español, “Ayer”, interpretada por José Feliciano y por decenas de solistas y orquestas posteriores, probó que el rock anglosajón también podía alcanzar la sofisticación lírica de la balada, abriendo la puerta a la canción de autor acústica dentro del pop-rock hispanoamericano.
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¿Cómo citar este artículo?
Marco A. Villa, “ Símbolo de resistencia. Joaquín Murrieta en la frontera México-Estados Unidos”, Relatos e Historias en México, núm. 215, Septiembre, 2026, pp. 85-85.

