Los Jackson Five en México

La semilla de una idolatría que tardó en germinar

Era el 21 de diciembre de 1975. En el Foro 2 de Televisa San Ángel, en la Ciudad de México, los hermanos Jackie, Tito, Jermaine, Marlon y Michael Jackson dieron un concierto que los hizo parte de la memoria musical de nuestro país. Entre empleados y colaboradores de la televisora, más algunas personas que llegaron más por curiosidad que fanatismo, se formó el público. Se trataba de un concierto representativo de la relación que México tenía entonces con el soul, el funk y el pop afroamericanos: de admiración distante, sólo mediada por la radio y los discos, pero ajena a los grandes espectáculos en vivo.

Los Jackson Five llegaban a México en un momento coyuntural de su propia trayectoria. Habían debutado en Motown Records en 1969 con cuatro sencillos consecutivos en el número uno del Billboard, una hazaña sin precedentes en la historia del sello. Para diciembre de 1975, sin embargo, las tensiones con Motown eran agudas y el grupo estaba a punto de firmar con CBS Records, donde, por razones contractuales, cambiaron su nombre a The Jacksons. Así, el concierto del Foro 2 fue uno de los últimos recintos donde se presentaron bajo el nombre original. Michael, el hermano menor, tenía diecisiete años y era el vocalista principal desde los once. En la Ciudad de México se le conocía por “Ben” (1972), una pegajosa balada que había llegado muy tarde a las estaciones de radio, más acostumbradas a los ritmos tropicales y al pop ibérico que a los sonidos de la Motown.

El soul y el funk no eran géneros ajenos a México, pero tampoco eran masivos. Televisa, con su programa *Siempre en Domingo* conducido por Raúl Velasco, era el gran termómetro del gusto musical popular, y sistemáticamente había apostado por el pop melódico de consumo familiar por encima de los ritmos más físicos y sincopados del soul. Por eso, que los Jackson Five llegaran a los estudios de Televisa en diciembre de 1975 fue, en ese contexto, una afortunada anomalía. El espectáculo que ofrecieron fue una versión compacta del show que habían desplegado en sus giras en Estados Unidos: coreografías precisas, trajes de colores encendidos propios de la estética funk y la voz de Michael dominando cada canción con una madurez poco común en alguien de su edad.

Las crónicas de la prensa mexicana del día siguiente fueron breves y enmarcaron el evento más como una curiosidad cultural que como un acontecimiento. La radio fue más entusiasta, pues algunas estaciones giraron con frecuencia los sencillos conocidos de la banda. La televisión, sin embargo, fue el medio que más impactó, pues fue visto por una audiencia masiva poco usual.

Comparado con lo que ocurriría dieciocho años después, el recibimiento de diciembre de 1975 fue discreto. En octubre y noviembre de 1993, Michael Jackson, ya como solista y en pleno apogeo del “Dangerous World Tour”, se presentó cinco veces en el estadio Azteca ante un público de más de sesenta mil personas cada noche, con una cobertura mediática de Televisa que saturó sus canales de televisión y su estación de radio WFM durante semanas. Y así, México pasó de ser un mercado periférico del pop mundial a convertirse en uno de los más voraces del mundo.