Lugar de fronteras invisibles

Tepito: siglos de resistencia cartográfica 

Marco A. Villa

Hay barrios que tienen sus fronteras inscritas en los documentos oficiales y hay barrios que las llevan escritas en la conciencia de sus habitantes, como Tepito. Sus lugareños saben en qué esquina comienza su barrio y en cuál termina, y lo saben con una certeza que no necesita de placas ni de nomenclatura municipal.

Durante todo el siglo XIX, Tepito mantuvo su histórico carácter de extramuros de la Ciudad de México. Sus límites no se trazaban con calles, sino con referencias religiosas –la antigua Iglesia y Convento del Carmen, la parroquia de San Francisco– y, sobre todo, con la red de vecindades cuyos habitantes compartían una misma dinámica de trabajo y comercio. Eran, sobre todo, zapateros y talabarteros; más tarde, albañiles, carpinteros y tejedores. 

Cuando las fuerzas del general Winfield Scott invadieron la ciudad en 1847 durante la guerra contra Estados Unidos, fueron los vecinos de Tepito, Mixcalco y la Candelaria de los Patos quienes les tiraron cosas desde las azoteas, les robaron caballos y mataron soldados al amparo de la oscuridad. Scott, furioso, ordenó bombardear el barrio en represalia. Tepito resistió. La fórmula ya estaba fundada.

Pero el giro coyuntural decisivo llegó en 1882, cuando el presbítero Juan Violante, párroco de Santa Catarina, compró con apoyo del ayuntamiento de México el rancho de Granaditas y comenzó a fraccionarlo, abriendo las calles de San Lázaro y Los Ángeles. El trazo permitió que en 1884 se fundara la mítica colonia Morelos, hoy dividida entre las alcaldías Cuauhtémoc y Venustiano Carranza, cuya población se dedicaba sobre todo a actividades obreras y a la siembra. Dentro de ella quedó Tepito.

Fue el siglo XX, sin embargo, el que terminó de fijar los límites administrativos que hoy dan de Tepito en los mapas. Con los grandes proyectos de regeneración urbana y, sobre todo, con la 
creación de la red de ejes viales durante las décadas de 1970 y 1980, quedó establecido el cuadrante oficial: al norte, el Eje 2 Norte (avenida Canal del Norte); al sur, el Eje 1 Norte (Héroe de Granaditas); al este, el Eje 1 Oriente (avenida del Trabajo); al oeste, Paseo de la Reforma. Son cuatro arterias concretas sobre el asfalto, pero investigadores como Héctor Romero han advertido una verdad que cualquier habitante del barrio confirmaría: la influencia de Tepito se desborda hacia La Lagunilla, Garibaldi y la colonia Guerrero, creando una zona de transición donde la identidad tepiteña prevalece sobre la nomenclatura oficial.

A la par del territorio se fue forjando el arquetipo del tepiteño, un personaje cultural tan reconocible como los barrios a los que pertenece. Es, antes que nada, comerciante; cliente histórico del mercado de El Volador que en 1901 fue trasladado al barrio. Es, en segunda instancia, habitante de vecindad. Cuando los ferrocarriles del Porfiriato desplazaron a los viejos mesones, éstos se reconvirtieron en vecindades… continua tu lectura en el artículo completo de la revista: