Los seris en defensa de su Isla

Un desplazamiento forzado en 1773

José Luis Mirafuentes

Este artículo aborda el análisis de un manuscrito fechado en 1773 que narra las razones esgrimidas por los habitantes Seris de la isla Tiburón en contra la decisión de las autoridad generales del virreinato novohispano de expulsarlos de su territorio para que fueran establecidos en tierra firme el sitio que actualmente ocupa la ciudad de Hermosillo, Sonora. 

De la Isla tiburón al desierto 
Los seris eran conocidos como “tiburones” por ser de una isla homónima; habitaban ahí desde "tiempos inmemoriales". Llevaba un modo de vida nómada. Vivían de la caza, la recolección y la pesca, y estaban organizados en pequeñas agrupaciones autónomas del nivel de la banda, con subgrupos formados por familias nucleares y extensas.

Un día, en el año de 1773, los Seris tiburón solicitaron dialogar con el gobierno colonial español de Sonora y Sinaloa. De acuerdo con su petición, el diálogo se realizó en el paraje del Carrizal, frente a la isla Tiburón, entre varios indios principales de esa nación y el capitán del presidio de Fronteras, Manuel de la Azuela, enviado a entrevistarse con ellos en representación de los mandos políticos regionales.

El propósito de los tiburones era manifestar su deseo de preservar su autonomía, así como sus costumbres y valores tradicionales, en oposición a los designios de las autoridades generales de México de establecerlos fuera de su isla, en tierra firme, en las inmediaciones del presidio de Pitic -actual Hermosillo, Sonora-, en castigo por la muerte dada por varios de sus connaturales, en marzo de ese año, al misionero fray Juan Crisóstomo Gil de Bernabé, quien se ocupaba de convertirlos al cristianismo en su propia isla.

¿Las razones?  UNIFICACIÓN Y CONTROL 
Porque “a las proximidades del cuartel Pitic, se llevaba a cabo la congregación de todas las agrupaciones seris de tierra firme (salineros, tepocas, guaymas y upanguaymas), luego de que éstas fueran pacificadas en 1771, tras larga guerra de resistencia que emprendieran en alianza con los propios tiburones a partir de sus mutuos levantamientos armados entre 1748 y 1750; movimientos por los que, unos y otros, a la larga, tratarían de emanciparse de la dominación colonial española en Sonora. Mediante dicha congregación se trataba de que los seris, en particular, una vez apartados de sus antiguos dominios en las llanuras occidentales y la costa, abandonaran su tradicional modo de vida nómada y se convirtieran en trabajadores agrícolas sedentarios; conversión que, de más esta decir, permitiría a los espanoles ejercer sobre ellos un control acorde con sus propósitos expansivos en el noroeste novohispano. 

Sin embargo, desde 1726 fueron molestados, cuando el entonces capitán y gobernador de Sinaloa, Manuel Bernal de Huidobro, se dio a la tarea de emprender una expedición militar en la isla Tiburón con el fin de someter a sus moradores y evitar, de ese modo, que en ella se refugiaran los seris de tierra firme, como aparentemente venía ocurriendo. ¿Cómo lo planeaba hacer? Consúltalo en el artículo completo.

Los misioneros, por su parte, se opusieron a entregar esos indios a Huidobro, alegando que la isla Tiburón nunca había sido ni era receptáculo de salteadores y ladrones. De modo que estimaban que las pretensiones del gobernador de Sinaloa de invadir la isla no eran  otras que las de favorecer su propio negocio de “pesquería de perlas” en las costas de Sonora. Los tiburones, en cierto modo, le darían la razón a los jesuitas, pues muchos de ellos, sin oposición alguna, aceptaron la propuesta que por último les hizo Huidobro en el sentido de que vivieran congregados en tierra firme; para dejar de ser de caza, pesca y recolección, pasar a dedicarse al cultivo agrícola y ganadero y al comercio. ¿Entonces, lograron su cometido? :( Entérate en la lectura completa del artículo dentro de la revista ;)

VIDA COTIDIANA EN LA ISLA
“Juntaban el mezquite grandes cantidades y que luego de tostarlo y molerlo, con la harina obtenida preparaban tamales o panes que guardaban en grandes tinajas debajo de la tierra. Para Salvatierra, el mezquite debía su importancia entre los seris a dos principales razones: la primera, su agradable sabor. Afirmaba que era muy dulce, de lo mejor que había probado. Y la segunda, sus cualidades medicinales y nutritivas. De acuerdo con lo observado, sostenía que el mezquite era algo purgativo, pero sin alborotos del cuerpo y consideraba que debía ser muy saludable, pues al tiempo de la cosecha me dicen los indios están muy sanos y se mueren apartándose de este sustento que no lo hay en distancia de sus playas”

Esto lo sabemos por las crónicas que dejó Juan María Salvatierra, un misionero jesuita que en 1710 pasó cierto tiempo entre los Seris de la costa, lo cual le permitió probar, no sin sorpresa y admiración, algunos de los mantenimientos tanto de ese grupo como de los tiburones. Quien también expresó su admiración ante la gran cantidad de pescado existente en las costas del territorio seri. No obstante, lo que acabó llamando fuertemente su atención de los comestibles del mar fueron los cangrejos. Aseguraba que éstos eran de muy buen sabor y que los había en “grandísima abundancia”, y que los seris tenían una gran facilidad para “cojerlos y tlatemarlos”. Tal vez por ello, como añadía el mismo religioso, durante una temporada los cangrejos “nos sirvieron de pan”.

“En el monte encuentran animales, frutas silvestres, raíces para su subsistencia, así como materiales para hacer nuevas armas. Como sólo requieren de un lugar en el suelo para dormir por la noche, la cama siempre está hecha para ellos. Si se ven forzados a dejar un lugar, inmediatamente encuentran otro que les provee en sus necesidades”

¿Cómo citar este artículo?

José Luis Mirafuentes “Los seris en defensa de su autonomía y sus formas tradicionales de vida. Una petición a las autoridades de la Nueva España en 1773”, Relatos e Historias en México, núm. 175, Mayo, 2023, pp. 58-65.