• sábado, 23 de febrero de 2019.

El mes de la bandera II

Algunas fechas para recordar
Por: Natalia Arroyo Tafolla

3 DE FEBRERO DE 1814

Fusilamiento del general Mariano Matamoros

Sin Mariano Matamoros quizá no hubieran sido posibles las victorias de José María Morelos sobre el ejército realista. En enero de 1814, durante su última batalla, en Puruarán, Matamoros fue hecho prisionero por los realistas y sometido a un juicio eclesiástico-militar en Valladolid. El principal lugarteniente de Morelos pertenece a la pléyade de sacerdotes y frailes que ocultaban admirables dotes militares, que fueron reveladas hasta el momento en que la guerra por la independencia los llamó a empuñar las armas. Su inteligencia fue decisiva en las victorias de los insurgentes y por ello fue condenado a muerte, a pesar de que Morelos le ofreció al virrey Félix Calleja 200 prisioneros españoles a cambio de la vida de su teniente general, de su “brazo derecho”, como él lo llamaba.

Mariano Matamoros y Guridi nació en la ciudad de México en 1770. Estudió en el colegio de Santiago Tlatelolco para ordenarse sacerdote en 1796. Fue cura en distintas parroquias hasta que en 1811, encargado de Jantetelco, lo alcanzó la guerra y se unió al ejército de Morelos en Izúcar (hoy en Puebla), para acompañar al caudillo en sus campañas militares. Con él estuvo en Cuautla, en la campaña de Oaxaca, persiguió a los realistas hasta la frontera con Guatemala y, junto al generalísimo, fue derrotado en Valladolid (Michoacán) en diciembre de 1813, y al siguiente mes, con Galeana y Nicolás Bravo, en Puruarán. Sólo él fue capturado; el juicio y los interrogatorios se prolongaron para escarmiento de los otros. Manuel Abad y Queipo, obispo electo de Michoacán, decretó que el teniente general de los insurgentes no sólo era reo por apostasía, lesa majestad y alta traición, sino por su principal apoyo a la insurrección y porque había sido “causa eficiente y moral de una serie de males incalculables” al sostener en sus escritos –y con la espada– que la rebelión en Nueva España era justa y legítima.

Fue pasado por las armas casi al mediodía del 3 de febrero de 1814, en la plaza de Valladolid, mientras más de 3 000 hombres vigilaban las calles adyacentes. A diferencia de lo que sucedió con los restos de los primeros caudillos de la insurgencia, el cadáver de Matamoros no fue cercenado ni expuesto públicamente, sino que de inmediato fue sepultado en la iglesia de la Tercera Orden en aquella ciudad. Hoy sus restos descansan en la Columna de la Independencia de la ciudad de México.

 

5 DE FEBRERO DE 1857

La Constitución de la República

La bandera nacional deberá izarse a toda asta

“¡Sí juramos!”, se escuchó aquel día en el salón de sesiones del Congreso, en Palacio Nacional. La Constitución más democrática hasta ese momento –como lo señaló Francisco Zarco–, consagró las libertades individuales, las de enseñanza, trabajo, pensamiento, petición, asociación, comercio e imprenta, entre otras cosas. La Iglesia católica se opuso a los artículos liberales y negó los sacramentos a todo aquel que la jurara. Esta carta magna fue la culminación de la Revolución de Ayutla que destronó a la dictadura de Santa Anna, pero también provocó la reacción de los conservadores que, con un golpe de Estado a finales de 1857, dio pie a la Guerra de Reforma que terminaría en 1860.

 

5 DE FEBRERO DE 1917

La Constitución de la Revolución

La bandera nacional deberá izarse a toda asta

Como reforma a la Constitución de 1857, nace la de 1917. Son las normas que nos rigen hasta hoy. Como resultado de la guerra civil, su objetivo era unir al país y sanar las heridas a través de una gran conciliación de intereses. Junto a los principios liberales de la Constitución del 57, como derechos y garantías individuales, se inscribieron los derechos sociales por primera vez en una Constitución en el mundo, especialmente en los artículos 27 y 123, que regularon tanto los derechos de propiedad como los de los campesinos y trabajadores, al igual que el dominio de la nación sobre los recursos naturales. Confirma también la división de poderes, el sistema federal y representativo, la supremacía del Estado sobre las Iglesias y la existencia del juicio de amparo como medio fundamental de control de la constitucionalidad. El Congreso Constituyente se reunió el 1 de diciembre de 1916, en Querétaro, para discutir el proyecto presentado por el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza. Tras el debate en comisiones y en el pleno, fue promulgada en el Teatro de la República el 5 de febrero de 1917.

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “El mes de la bandera” de la autora Natalia Arroyo Tafolla y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 66.

 

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