• 14-oct-2019.

Franz Liszt y el Conservatorio Nacional de Música

A 150 años de su fundación
Ricardo Lugo Viñas

Corre 1866 y México aún vive días aciagos. El ejército invasor francés, aunque reblandecido por el empuje de las fuerzas republicanas, tiene en su poder varias entidades del país. El presidente Benito Juárez, hierático, se encuentra en el norte, donde firma con tinta de huizache los documentos que mantienen en pie a la nación y prolonga también su mandato constitucional para continuar dirigiendo la resistencia contra la ocupación y el imperio que se estableció en la capital de la nación, el cual, dicho sea de paso, se resquebraja rápidamente luego de que el emperador Napoleón III retirara el apoyo militar y económico al archiduque Maximiliano de Habsburgo, pues al parecer estima que la causa está perdida.

Por su parte, Maximiliano se debate entre retirarse junto con el lastimado ejército francés luego de atestiguar cómo su gobierno se desplomaba, o quedarse en México y luchar al lado de los conservadores que le juran lealtad hasta la muerte. Como sabemos, el archiduque optó por la segunda opción y, en efecto, los conservadores lo acompañarían hasta su muerte, sucedida al año siguiente.

Es en este contexto que, el 14 de enero de 1866, se funda en la ciudad de México la tercera –acaso la más próspera y sólida– Sociedad Filarmónica Mexicana (SFM), con el pianista y profesor Tomás León a la cabeza e integrada por una pléyade notable de músicos e intelectuales, casi todos liberales, como Manuel Payno, Julio Ituarte, Antonio García Cubas o Alfredo Bablot, gran amigo de Juárez. La Sociedad también contó con el apoyo, como miembro honorario, del mundialmente reconocido pianista y compositor austrohúngaro Franz Liszt, a quien se le otorgaría, como muestra de agradecimiento por su cooperación, la Orden de Guadalupe y un diploma de la SFM que aún se conserva en Budapest, actual capital de Hungría.

Entre los propósitos principales de la Sociedad, además de promover la música de compositores nacionales, estaba el fundar un conservatorio de música. El imperio de Maximiliano apoyaría dicho proyecto y realizaría las labores de mediación entre Liszt –quien en el universo de los Habsburgo era el más grande músico del momento– y la SFM. La agrupación también sería responsable de fundar, en 1869, la Orquesta Filarmónica de México, bajo la dirección del también pianista Melesio Morales, que años atrás había sido becado para estudiar en Europa.

 

La Sociedad Filarmónica Mexicana

Fundada en 1866, la tercera SFM comenzó sus actividades en el patio de Los Naranjos de la Escuela de Medicina (en el edificio donde también estuvo el antiguo Palacio de la Inquisición), en la ciudad de México, gracias a las gestiones del doctor Ignacio Durán, vicepresidente de la Sociedad.

Fue así que muy pronto se comenzó a planear la creación del conservatorio de la Sociedad. Para ello, miembros de varias academias de música se agruparon alrededor de esta SFM, como la del presbítero Agustín Caballero, fundada en 1838; la de José Antonio Gómez, de 1839, y la Academia de Música Elízaga.

Estas academias contribuirían a las labores de la Sociedad y luego a la fundación del Conservatorio de la Sociedad Filarmónica Mexicana, antecedente directo del Conservatorio Mexicano de Música y del actual Conservatorio Nacional. Aportaron desde pianos, instrumentos y pupitres hasta el enorme talento docente y recursos económicos.

Entre las principales acciones de la SFM en 1866 estuvo la publicación de la revista La Armonía, dirigida por el doctor Durán, que divulgaba “las inclinaciones ideológicas y estéticas de la sociedad”. También lograron que el empresario Annibale Biacchi montara la ópera Ildegonda de Melesio Morales, primera obra del género de un autor mexicano que se presentaba en el país y la cual contó con el apoyo económico de la emperatriz Carlota. Se estrenó el 26 de enero en el Teatro Imperial (antes llamado Gran Teatro de Santa Anna) de la ciudad de México.

 

Liszt y el mecenazgo

Franz Liszt, considerado el pianista más virtuoso que dio el imperio austrohúngaro en el siglo XIX, era proclive a apoyar causas musicales; por ejemplo, destinó cuantiosos recursos para apoyar las carreras de Wagner y Berlioz. Así, se enteró, muy probablemente por intermediación de Melesio Morales y del propio Maximiliano –a través de su secretario particular José Luis Blasio–, de esta iniciativa mexicana y no dudó en enviar generosos recursos para apoyar a la SFM en su deseo de fundar un conservatorio.

Liszt conocía la causa imperial que se libraba en México y ponderaba la labor de Maximiliano. De hecho, al enterarse de la muerte del emperador en 1867, le compuso una marcha fúnebre para expresar sus condolencias.

 

Esta publicación es sólo un resumen del artículo “Franz Liszt y el Conservatorio Nacional de Música”, del autor Ricardo Lugo Viñas, que se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 97.