En el voluminoso tratado de Torquemada se incluían extensos párrafos textuales de la *Historia eclesiástica indiana* de fray Jerónimo de Mendieta, la cual estaba manuscrita en el archivo del convento de México. Dicho texto no había sido publicado a causa de las críticas que contenía contra el régimen español y sobre la explotación a la que estaban sujetos los indios, tema muy sensible para la monarquía hispánica que comenzaba a enfrentar los efectos de la leyenda negra que hacían circular sus enemigos, sobre todo Inglaterra y Holanda. Sin embargo, la obra de Torquemada era algo más que una versión censurada de la de Mendieta, pues contemplaba una visión universal que trascendía el carácter moralizante y apologético de la mayor parte de las crónicas de las provincias religiosas.
Para Torquemada la principal función de la historia era preservar la memoria como antídoto contra la mortalidad, como una herramienta que trascendía la brevedad de las vidas individuales. A esa función teológica y didáctica se agregaba otra más mundana: utilizar el pasado como un recurso judicial para el presente y para el futuro. En ella aún estaba presente la defensa del indio que caracterizó a los frailes escritores del siglo anterior, pero en los obispos que intentaban someterlos a su jurisdicción.
La obra estaba dividida en tres partes: la primera, dedicada a describir la civilización mexica; las otras dos, a narrar los hechos de la conquista de Tenochtitlan y la evangelización franciscana. Sobre el mundo prehispánico, Torquemada se mostró heredero de la tradición que consideraba demoníacas las religiones paganas, aunque resaltaba los paralelismos entre los mexicas y los pueblos civilizados del Viejo Continente (Grecia, Roma o Egipto); esto le permitía explicar los rápidos logros que el cristianismo alcanzó entre ellos. Además, para reafirmar esos paralelismos, fray Juan daba a conocer los anuncios sobre la llegada del Evangelio a estas tierras durante su gentilidad y los comparaba con aquellos que las sibilas habían hecho en el mundo mediterráneo.
Con la primera parte del título, *Los veintiún libros rituales*, el autor pretendía dar a conocer cómo, por designio de la providencia, las ceremonias dedicadas a sus dioses habían propiciado que, una vez convertidos al cristianismo, los indios se entregaran con gran fervor al culto en honor del Dios verdadero.
Por otro lado, gracias a que la obra se imprimió, Torquemada dio a conocer un sinfín de materiales inéditos recopilados por los frailes cronistas del siglo XVI, como fray Andrés de Olmos, fray Toribio de Motolinía y fray Bernardino de Sahagún; así mismo, incorporaba los documentos aportados por los nobles indios y mestizos Juan Bautista Pomar, Diego Muñoz Camargo, Domingo Chimalpáhin, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl y Hernando Alvarado Tezozómoc. Con todo ese material, los escritores criollos de las siguientes generaciones (como Carlos de Sigüenza y Góngora, Mariano Fernández de Echeverría y Veytia y el jesuita Francisco Javier Clavijero) revalorizaron el pasado indígena de Nueva España y lo integraron a la historia universal como una de sus grandes civilizaciones.
En la segunda parte de la obra se trata la caída de Tenochtitlan, una ciudad pecadora e idólatra, que es comparada con aquellas otras, como la de Jerusalén, Roma o Bizancio, que fueron acompañadas de presagios, profecías, batallas, hambres y epidemias. Para Torquemada, todos esos hechos mostraban la voluntad de Dios de liberar a los mexicas de la esclavitud del pecado, pero también eran indicio del justo castigo que merecía su idolatría y su inmoralidad. Dentro de ese contexto, Hernán Cortés es considerado como un héroe y presentado como un nuevo Moisés, liberador de la esclavitud del pecado y agente de Dios para introducir a los indios al cristianismo.
Es lógico, por tanto, que la culminación de la obra sean las acciones de los primeros misioneros… sigue leyendo este artículo en la revista
¿Cómo citar este artículo?
Antonio Rubial García, “La primera historia de México. Fray Juan de Torquemada y su Monarquía indiana”, Relatos e Historias en México, núm. 216, Octubre, 2026, pp. 38-
*Antonio Rubial García
Doctor en Historia por la UNAM e investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de esa casa de estudios. Es miembro del SNII (nivel 3) y de la Academia Mexicana de la Historia. Se especializa en historia cultural y social de Nueva España, así como en cultura en la Edad Media. Fue reconocido con el Premio Nacional de Artes y Literatura (2022). Entre sus libros más recientes se hallan: El cristianismo en Nueva España. Catequesis, fiesta, milagros y represión (2020), La justicia de Dios. La violencia física y simbólica de los santos en la historia del cristianismo (2011), El paraíso de los elegidos. Una lectura de la historia cultural de Nueva España (1521-1804) (2010) y Monjas, cortesanos y plebeyos. La vida cotidiana en la época de sor Juana (2005). Junto a diversos especialistas, ha coordinado La Iglesia en el México colonial (2013) y Cuerpo y religión en el México barroco (2011), entre otras obras.

