Querido tío:
Las noticias de hoy se las escribo con dolor en pecho y lágrimas en los ojos.
La semana pasada he recibido una carta de mi querido hermano Ramón, anunciándome su partida a la isla de la Pasión como nuevo gobernador. Según dice, el general Porfirio Díaz, en persona, le ha pedido que asuma el cargo para poder dirigir el pelotón que controla las empresas internacionales. ¿Quién mejor que nuestro querido Ramón para hacerlo? Estamos orgullosos de sus méritos.
Bien sabe usted que no puedo quedarme en Guadalajara sin el sustento de mi querido hermano, por lo que el día de hoy he guardado mis pertenencias y me he despedido de los señores Corona para tomar el ferrocarril de la mañana hacia la ciudad de México, ahí me encontraré con Ramón y, posteriormente, viajaremos al puerto de Acapulco donde tomaremos un ferry a la isla de la Pasión.
No sé cuando volveré a mi querida Guadalajara, tan llena de vida y de entretenimiento.
Imagino que me aburriré bastante en la isla pues, según he escuchado, no existe un teatro donde se presente el ballet o la ópera. ¡Oh tío! ¿Cree que exista alguien que le guste jugar baraja conmigo? Sin duda la vida en la isla me resultará difícil y monótona.
Prometo escribirle en cuanto llegue a la isla para contarle con lujo de detalle cuáles son mis impresiones. ¡Deséeme suerte!
Luisa Sofía Arnaud
13 de mayo de 1906
Querido tío:
Le escribo desde el balcón de la que será mi nueva alcoba en la casa de gobernación.
Lo poco que he visto de la isla me parece hermoso, pues aunque le hace falta vida botánica, está tan rebosante de cangrejos y pájaros bobos. ¡Me gustaría dibujarla toda!
Las personas parecen amables, en su mayoría son soldados con sus esposas y comerciantes franceses y japoneses, además de una que otra criada. He hecho migas con la esposa del teniente, una mujer nacida en Jalisco, de lo más carismática y divertida. Sin duda podremos volvernos íntimas.
Por otro lado, la casa es hermosa, está decorada al estilo francés, con grandes vitrales de doble altura en las escaleras y candelabros enormes. El arquitecto tiene un gusto de lo más exquisito.
Ramón parece estar disfrutando el lugar igualmente, se le nota ilusionado por poner manos a la obra y ha podido hacer buenas relaciones, tanto con los soldados y trabajadores mexicanos, como con los empresarios forasteros, especialmente los japoneses. Al parecer recuerda con mucha melancolía su estancia allá.
Hasta ahora son las noticias que le puedo compartir por ahora, puesto que el barco Tampico que lleva el correo, se va en unos momentos.
Afectuosamente,
Luisa Sofía Arnaud
15 de noviembre de 1906
Querido tío:
La vida en la isla ha transcurrido cómodamente. He tenido tiempo de hacerme de un grupo pequeño de amigos y así mantenerme entretenida. Entre ellos, he conocido a un caballero de lo más respetable, un comerciante francés de Guano, Jean Pierre, quien ha sido lo suficientemente amable como para ofrecerse a darnos, a mí y a mi amiga Tirza, un recorrido por la isla. Nos ha platicado un poco de la historia de aquí, por ejemplo: ¿Sabía usted que la isla también se llama “isla de Clipperton”? En honor a un pirata inglés, John Clipperton, quien la visitaba de manera frecuente.
La historia cuenta que alrededor de 1700, Clipperton trabajaba bajo el mando de William Dampier. Sin embargo, a causa de la avaricia, el pirata organizó un motín en contra del capitán para así apoderarse de todas sus riquezas. Posteriormente, perseguido por los marinos españoles, buscó un lugar seguro donde pudiera esconder el tesoro y eligió la isla de la Pasión.
Desde entonces, los habitantes de aquí han intentado encontrarlo por todas partes sin éxito alguno.
Tío, me parece de lo más emocionante pensar que ésta fue la base de operaciones de un pirata. Para las fiestas daremos un banquete al cual está invitada la isla entera y yo estaré a cargo. Estoy muy emocionada. Le deseo la mejor de las navidades y un próspero año nuevo,
Luisa Sofía Arnaud
8 de marzo de 1907
Querido tío:
Han pasado varios meses desde la última carta que le he mandado. Cierto es que los días aquí están llenos de responsabilidades y trabajos arduos, más aún ahora que don Porfirio y las empresas británicas están fincando el progreso de la isla. De enero a ahora se han abierto una vía de ferrocarril y un nuevo muelle.
Le escribo desde el recién inaugurado faro, situado sobre las rocas más altas de Clipperton, donde se alcanza a ver gran parte de la isla y el inmenso mar. Además hay un silencio total que trae paz y tranquilidad después del barullo que se ha vuelto la isla. Cierto es que el número de habitantes ha aumentado bastante en los meses pasados, pues han llegado mineros estadounidenses a trabajar aquí. Calculo que seremos alrededor de 100 personas.
Sin embargo, al faro sólo puedo venir siempre y cuando no esté don Victoriano Álvarez, el encargado de cuidarlo. Él es un hombre muy huraño, no me gusta cómo nos mira a las mujeres y detesto estar en el faro al mismo tiempo que él.
Por mi parte, como quizá recordará, cumplo 17 años el día de mañana y para festejar he organizado una pequeña obra de teatro con mis amigas para presentarla frente a los soldados; el rumor fue tan mentado que llegó toda la isla a verla. Al terminar la obra el público ha estallado en aplausos tan sonoros que, por un momento, sentí que estaba actuando en el Teatro Nacional de México. Extrañaba estar en escena.
Por favor no deje de escribir,
Luisa Sofía Arnaud
12 de diciembre de 1907
Querido tío:
¡Mi hermano me ha participado que viajaremos en febrero a México continental!
Ramón pedirá la mano de Alicia Rovira y la boda se celebrará en Orizaba, en el Grand Hotel de France. Esperamos pueda usted asistir con su familia al evento. De igual manera se le enviará una invitación formal días antes del mismo.
Es extremadamente importante para ambos, mi hermano y yo, que usted se presente a la boda. Por favor hágame saber su respuesta lo antes posible.
Atentamente,
Luisa Sofía Arnaud
12 de noviembre de 1910
Amada hermana:
La isla no es lo mismo sin ti aquí. Hace falta tu carisma por todas partes y el exceso de actividad que te caracterizan tanto. Tus amigas lo sienten también.
¿Cómo sigue nuestro tío? Envíale mi cariño y mi bendición por favor. Y avísame si mejora en los siguientes meses. Seguro la familia estará preocupada, ocúpate de mantenerlos lo más tranquilos posible.
He recibido la noticia hoy de que Pacific Island Company se retira de nuestras tierras; el guano de nuestras cuevas es de baja calidad y ahora están en bancarrota. Vienen tiempos difíciles, pues habrá muchos desempleados los próximos meses. Además, los alimentos y medicinas que recibíamos desde San Francisco dejarán de llegar. Esperemos todo se resuelva de la mejor manera posible.
Te extraño mucho.
Ramón Arnaud
1 de agosto de 1911
Amada hermana:
Después de seis meses de estar aislados del mundo, por fin hoy llega un barco con víveres y alimentos, pensamos que nunca volverían. La tensión aumentó de una manera radical entre las personas de la isla al punto que hubo que poner orden entre los mismos militares. Ha sido muy estresante, seguramente tú lo hubieras resuelto más fácilmente.
Los marineros que llegaron nos han platicado sobre la revolución que está sucediendo en el continente. Dijeron que es algo muy serio. ¿Es cierto? ¿Cómo estás? ¿Qué ha pasado? ¿Sigues en Querétaro? ¿Has hablado con nuestros padres?
Estamos muy preocupados, por favor contesta para saber de México y de tu bienestar.
Ramón Arnaud
7 de octubre de 1913
Madre:
Te escribo en busca de un consejo para salvar la isla y mi matrimonio, mi paciencia está acabándose.
No sé cuánto más podamos aguantar de esta manera en Clipperton. Aislados. Recibiendo comida y medicinas escasas y regularmente cada vez menos. Varios se han vuelto locos, roban comidas y tiendas en las noches, incluso han ocurrido suicidios. ¿Acaso Dios nos ha abandonado?
Deberíamos volver ahora que la situación se ha calmado un poco, pero Ramón se niega completamente, piensa que si renuncia al cargo será acusado nuevamente de fallar a las fuerzas militares y regresará a la cárcel. Lo que no parece entender es que el quedarnos aquí es una prisión sin comida y una muerte asegurada. Al parecer nadie puede convencerlo.
Ayúdame por favor, estoy desesperada.
Tu hija, Alicia Rovira
2 de enero de 1914
Querida madre:
Tus sabios consejos han dado frutos. Ramón ha decidido viajar a la capital a pedirle provisiones a Victoriano Huerta; estará en el Distrito Federal un par de días. Ojalá puedan mandarle un par de medicinas para el catarro, pues él se niega a tomar las que hay en la isla, ya que dice que son primero para los soldados.
Mientras él viaja a su reunión con el presidente, yo me quedaré dirigiendo la isla junto con el guardián del faro, Victoriano. Ese hombre me da mala espina, madre. Me parece que estar allá arriba ha hecho que el aire le entre por sus orejas y le afecte el cerebro. No me gusta estar junto a él.
Rezo al Señor que esta crisis termine y que podamos reunirnos, extraño pasar tiempo contigo. Han sido años muy difíciles. Besa a papá por mí.
Te ama tu hija, Alicia Rovira
27 de febrero de 1914
Estimado Presidente de la República:
Como recordará, la visita que le he hecho hace ya más de un mes fue para informarle de la situación extremadamente delicada que está sufriendo la isla de Clipperton, puesto que la comida se ha acabado y las enfermedades están atacando a nuestra pequeña población en grandes cantidades.
El barco que fue enviado por usted con la misión de llegar a la isla a brindarnos los servicios necesarios, jamás arribó; me temo que haya sido hundido en algún enfrentamiento de la revolución. La gente está muriendo descontroladamente y no existe un hospital en la isla donde atender las distintas enfermedades causadas por el calor y el hambre. Nuestros niños y mujeres están agonizando.
Es por esto que hemos mandado un grupo de personas en balsas para llegar a tierra firme y entregarle a usted esta carta donde le expresamos nuestra situación. Le pedimos, de la manera más atenta, mande un barco al rescate de los civiles y prosiga a darnos órdenes a los milicianos.
Esperamos atentamente sus órdenes,
Ramón Arnaud
Gobernador de la Isla de Clipperton
Junio de 1914
Querida madre:
Escribo con la esperanza de que me leas pronto. Sé que no podré hacer que te llegue esta carta pronto, ya que llevamos meses sin tener contacto con tierra firme. No han llegado los barcos que prometió Victoriano Huerta y no han vuelto aquellos hombres que fueron mandados en lanchas a solicitar su ayuda. No sé qué será de nosotros.
Hace ya varios días que encalló un barco estadounidense en una de nuestras costas y vinieron a rescatarlos en un barco de la misma nacionalidad. Ellos nos ofrecieron llevarnos hasta el puerto de Acapulco, pero como ya esperaba yo, Ramón se negó. No podía dejarlo aquí y regresarme a México. Decidí quedarme con él.
Muchas de las demás mujeres están muy enfermas, el doctor dice que es escorbuto, por falta de vitamina C. Sus pieles son moradas, como si estuvieran sangrando por dentro, y los dientes y el cabello se les caen. La desnutrición sumada con el calor es una combinación fatal. La gente se desmaya en las calles todos los días y han habido muchos muertos.
Cada día acepto más la posibilidad de no salir nunca de este lugar, pero aun así tengo miedo de no volver a verte a ti o a papá y de perder a Ramón o a nuestro hijo. Quizá ésta sea la última carta que escriba y si es así, espero que la leas y sepas que hasta mis últimos días la familia fue lo primero en mis prioridades, tal como me enseñaste desde pequeña.
No quiero despedirme todavía,
Alicia Rovira
Noviembre de 1914
Querida madre:
Estoy resignada a morir en la isla perseguida por demonios que dañan mi mente y mi cuerpo.
Hace unas semanas mi amado Ramón vio, o creyó ver, un barco cerca de la costa. Ordenó a todos los hombres, excepto al velador del faro, subir a una pequeña lancha y navegar por él.
Aún no ha vuelto y me temo que jamás volverá. La presión en el pecho me deja sin posibilidad de respirar.
Días después, Victoriano Álvarez, el último hombre de la isla, se proclamó rey, comenzó a acosarnos y a abusar de nosotras, una por una. Se ha vuelto loco, cambia de mujer cada día e incluso ha matado a varias por negarse a pasar la noche en su cuarto. No hay lugar donde esconderse.
¡Oh mamá! ¿Qué será de mí? Y mi pequeño bebé, tan frágil, jamás tendrá una infancia inocente...
Si existe un infierno, se llama Clipperton.
Alicia Rovira
30 de agosto de 1917
Amado Ramón:
Ya no te espero, sé que ya no vas a volver. Sin embargo, no me parece que sea malo el escribirte para sentir que aún hay algún tipo de contacto entre nosotros.
Después de que Victoriano expandiera el terror de una punta a otra de la isla, la señora Tirza, tu hijo y yo, organizamos la forma de poner fin al monstruo en el que se había convertido ese hombre. Así pues, pusimos en práctica el plan dentro de los aposentos de Victoriano.
Unos minutos después, antes de poder incinerar los restos, apareció un barco estadounidense en el horizonte. Pensé que mis ojos me traicionaban, que estaba delirando por falta de alimento, pero no era así, esta vez sí era cierto, habían ido a rescatarnos. ¡No imaginas la alegría que nos causó! Estábamos salvados finalmente. Él había escuchado nuestras plegarias.
Regresamos el 18 de julio de 1917 a tierra continental. A ver a mis padres, a olvidarnos de la pesadilla y comenzar una vida nueva. Estaré eternamente agradecida con el capitán del barco.
Tu hijo está bien, ya está aprendiendo a leer y a escribir, cosa que creí imposible viviendo en Clipperton. Está sano y le gusta jugar con las pelotas y leer El Periquillo Sarniento... ¡Así me dará dolores de cabeza! Pero cuando lo veo leer, me percato de lo parecido que es a ti, y es tan fuerte que me cuesta trabajo entender que siga siendo un niño. Estarías muy orgulloso de verlo.
Quizás algún día volveremos a reunirnos, quiero que sepas que siempre te amaré.
Alicia Rovira
