Santas travestidas y cambios de género

Antonio Rubial García

Las narraciones hagiográficas relatan que, para librarse de un matrimonio no elegido, Eufrosina se vistió de hombre y así profesó en un monasterio masculino bajo el nombre de Esmeraldo. Casi al final de su vida, confesó el secreto y, tras su muerte, los monjes veneraron sus reliquias, que comenzaron a realizar milagros.

 

 Una narración similar, aunque con variantes, trae La leyenda dorada de Jacobo de la Vorágine: la vida de Santa Marina, quien, vestida como niño, ingresó en un monasterio al profesar en él su padre; cuando este murió, el joven “fray Marino” mantuvo su secreto por consejo de su progenitor. Al igual que a fray Pelagio, una joven embarazada la calumnió acusándola de violación y fue expulsada de la comunidad, aunque vivió pobremente cerca de ella, pidiendo limosna.

El abad y los monjes, al ver su sumisión, consideraron suficiente el castigo y le permitieron reintegrarse a la comunidad, pero haciendo los trabajos más viles. Luego de que fray Marino falleció, los monjes amortajaron su cadáver y se dieron cuenta de que era mujer, por lo que, arrepentidos, le mandaron hacer una sepultura en el templo. Al momento de su muerte, aquella que la había calumniado fue poseída por un demonio y gritaba por los caminos y las villas su pecado de difamación; quedó libre de la posesión demoniaca al acercarse a la tumba de Santa Marina y pedirle perdón.

Historias similares fueron narradas sobre Santa Eugenia de Alejandría que, vestida de hombre, ingresó en un convento y llegó a ser abad en él, pero al ser difamada por haber embarazado a una joven, rasgó sus vestiduras y mostró públicamente su feminidad; además, por ser cristiana, sufrió el martirio.

Santa Eufrosina de Alejandría, nacida en el siglo V en una familia acaudalada, presentaba una historia muy parecida, aunque sin calumnia de por medio. Retomando el tópico común de una gran hermosura, esta leyenda narra que su padre, Pafnucio, la prometió en matrimonio a un hombre muy rico. Para librarse de un estado que no había elegido, Eufrosina se vistió de hombre y, con el fin de evitar que su padre la encontrara, profesó en un monasterio masculino bajo el nombre de Esmeraldo, fingiendo ser un eunuco de la corte imperial que deseaba llevar una vida de mayor rigor y ascetismo.

Su belleza era tal que incluso bajo su disfraz despertaba entre los monjes deseos impuros, por lo que el abad mandó que no saliera de su celda. Un encuentro con su padre al final de su vida la decidió a confesar el secreto; a su muerte, los monjes veneraron sus reliquias, que comenzaron a realizar milagros. El mismo Pafnucio profesó en el monasterio y, haciendo penitencia, ocupó la celda de su hija hasta su muerte.

Las vidas de santas que se habían hecho pasar por hombres tuvieron una gran difusión en las iglesias del oriente bizantino. Con el comercio y las cruzadas, llegaron al occidente latino, donde fray Jacobo de la Vorágine y otros hagiógrafos las recibieron con gran interés después de haberlas pasado del griego al latín. Muestra de la gran difusión que tuvieron es que, en España y América, Santa Eufrosina aparezca a menudo representada, aunque con el hábito de los carmelitas. Dichos frailes la convirtieron en uno de sus más insignes miembros, a pesar de que la orden fue fundada hasta el siglo XIII y que Eufrosina/Esmeraldo no pudo haber profesado en ella.

Otras historias similares nacidas en Oriente fueron en cambio desconocidas en Occidente, como la vida del ermitaño San Onofre, representado a menudo en iglesias griegas con senos y una larga barba que cubre su cuerpo. En esas versiones en griego, se narraba que el santo había nacido como mujer, pero sus continuos ruegos a Dios para que la cambiara de sexo recibieron respuesta: Onofre se volvió hombre y se hizo ermitaño.

 

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Antonio Rubial García. Doctor en Historia de México por la UNAM y en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla (España). Se ha especializado en historia social y cultural de la Nueva España (siglos XVI y XVII), así como en cultura en la Edad Media. Entre sus publicaciones destacan: La Justicia de Dios. La violencia física y simbólica de los santos en la historia del cristianismo (Ediciones de Educación y Cultura/Trama Editorial, 2011); El paraíso de los elegidos. Una lectura de la historia cultural de Nueva España (1521-1804) (FCE/UNAM, 2010); Monjas, cortesanos y plebeyos. La vida cotidiana en la época de sor Juana (Taurus, 2005); La santidad controvertida (FCE/UNAM, 1999); y La plaza, el palacio y el convento. La Ciudad de México en el siglo XVII (Conaculta, 1998).

 

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