La espada del virreinato

Félix Calleja contra Miguel Hidalgo

Luis Arturo Salmerón Sanginés

Félix María Calleja del Rey, llamado por algunos historiadores “la principal espada del Virreinato” o “el azote más terrible de la América mexicana”, fue el militar realista más destacado en la lucha contra la insurgencia en la Nueva España. Su destacado papel en los campos de batalla lo llevó incluso a ser virrey de la colonia, y a su regreso a España en 1816 fue colmado de honores.

En los diez meses que duró el levantamiento encabezado por Miguel Hidalgo, iniciado en 1810, Calleja fue su principal enemigo y amenaza. Veamos las acciones de este brigadier realista desde la mañana del 16 de septiembre hasta su entrada triunfal en la ciudad de Guadalajara, en enero de 1811, luego de propinarle a Hidalgo y a su ejército una decisiva derrota en la batalla de Puente de Calderón.

El asedio insurgente

La noticia del levantamiento del cura sorprendió a Calleja en su hacienda de Bledos, propiedad de su esposa doña María Francisca de la Gándara y cercana a San Luis Potosí, ciudad donde fungía como comandante de la Décima Brigada, considerada uno de los cuerpos más eficaces, mejor entrenados y equipados con que contaba el ejército del rey de España, Fernando VII, en su principal colonia americana.

El brigadier dedicó lo que quedaba de septiembre y los primeros días de octubre para reunir una fuerza cuyo núcleo principal era la Décima Brigada, la cual robusteció con milicianos, voluntarios y soldados de otros cuerpos de ejército acantonados en la región y sus cercanías.

Entre los días 20 y 24 de octubre, partió de San Luis Potosí rumbo a Querétaro al frente de la tropa que había conformado, con tres mil caballos, seiscientos infantes y ocho cañones. En esa última ciudad se reunió con los hombres mandados por el general Manuel de Flon, conde de la Cadena, que contaba con cuatro mil efectivos y otros ocho cañones. Unidas ambas tropas, se dirigieron al pueblo de Dolores, cuna de la insurrección, donde entraron sin oposición el día 28 de octubre.

Mientras Calleja reunía a su ejército y marchaba hacia Dolores, los rebeldes comandados por Hidalgo e Ignacio Allende entraron sin combatir a los poblados de Atotonilco, San Miguel el Grande (hoy San Miguel de Allende), Celaya, Salamanca, Irapuato y Silao; tomaron a sangre y fuego la ciudad de Guanajuato; entraron a la importante ciudad de Valladolid (hoy Morelia); se hicieron, con una mínima resistencia, de la ciudad de Toluca. Finalmente, se encontraban a las puertas de la ciudad de México el mismo 28 de octubre. 

La cercanía de las tropas insurgentes a la capital novohispana obligó a Calleja a emprender una apresurada marcha rumbo a ésta. El 1 de noviembre llegó a Querétaro, donde recibió la noticia de la derrota realista en Monte de las Cruces (en la zona que hoy se conoce como La Marquesa, Estado de México), y la inminente entrada de los insurgentes a la llamada Ciudad de los Palacios, por lo que sólo pasó dos días en suelo queretano y reemprendió su avance con la esperanza de proteger la capital. Fue así que el día 4 entró a San Juan del Río, aunque sin saber el paradero de las tropas de Hidalgo que, sorpresivamente, habían abandonado Monte de las Cruces para retroceder hacia al Bajío. 

 

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