• sábado, 25 de marzo de 2017.

Rafael Méndez, el más grande trompetista

Por: Ricardo Lugo Viñas

“El mejor del mundo”, fue el epíteto que la crítica, la prensa internacional, los profesionales de la música y el público del siglo XX usaban para referirse al extraordinario trompetista Rafael Méndez. Algunos incluso lo ponían por encima de figuras como Louis Armstrong. Y pese a ser toda una leyenda, apenas es conocido por un puñado de mexicanos.

 

 

Rafael Méndez nació en el hermoso pueblo michoacano de Jiquilpan, al correr 1906. A la edad de cinco años su padre lo inició en la educación musical; primero intentó con el violín, pero los brazos de Rafael resultaron demasiado pequeños para alcanzar el diapasón y el arco, de modo que probaron suerte con un cornetín. Ahí Méndez encontró su vocación y avanzó a pasos agigantados en el conocimiento melódico y en el de su instrumento.

 

El propio Rafael comentó al respecto:

 

A los ocho años ya me estaba volviendo un problema en nuestra pequeña casa, habitada por mi familia numerosa. Mi madre, como buena irlandesa, pensó sin duda que yo era el ser que soplaba más fuerte y tenía el mejor sonido. Mi ambición, lanzada por este cumplido, me llevó a escalar una pequeña montaña cerca de la casa con mi cornetín en la mano, para darle serenata a todo el mundo. En la cima de la montaña toqué con todas las fuerzas de mi corazoncito de ocho años, luego inicié el descenso hasta llegar a la mitad del camino, donde se había instalado mi hermano menor para disfrutar de mi concierto. Bajar el cerro siempre es agradable y yo iba feliz pensando en que para ese momento seguro yo ya era famoso entre las multitudes que me habían escuchado en el pueblo. Ahí recibí mi primera lección sobre los efectos que el viento y el espacio tienen sobre el sonido. Mi hermanito me recibió diciéndome: ‘¿Y por qué no tocaste?’. Después de esta experiencia frustrante, mi orgullo se redujo y durante más de un año tuve que soportar el apodo que me puso mi padre: "El pianísimo Méndez".

 

Muy pronto comenzó su carrera al lado de la pequeña orquesta familiar comandada por su padre, trabajando en mariachis y bandas de aliento, como niño prodigio, y también en algunas plazas de toros en su estado natal, donde interpretaba pasodobles en solos de trompeta.

 

Con ayuda del entonces joven militar Lázaro Cárdenas, también oriundo de Jiquilpan, Rafael salió del pueblo y se enroló, junto con su familia, en la División del Norte como parte de la banda del Estado Mayor del general Francisco Villa. Respecto a su cercanía con el Centauro del Norte existen versiones encontradas. Un hermano de Méndez declaró que esa historia pertenece a la ficción, aunque el propio Rafael mencionó en innumerables entrevistas para la prensa norteamericana que mantuvo durante un año una relación muy cercana a Villa y que siendo apenas un niño participó en campañas militares como primera corneta. Otra versión anota que la familia fue llevada por medio de leva para enrolarse en la División del Norte, y que cuando el Centauro dejó que su familia regresara al pueblo, pidió que el pequeño Rafael se quedara, pues gustaba de sus interpretaciones.

 

Pasada la Revolución trabajó bajo las carpas de los circos Atayde, Alegría y Modelo, donde acompañaba, con distintos instrumentos, los actos de gimnasia artística. Con dichas compañías recorrió el país.

 

Hollywood y el éxito

 

En 1926, luego de pasar una temporada en la ciudad de México, se trasladó a Estados Unidos con la intención de mejorar sus estudios. Lavó platos en un restaurante antes de lograr encontrar empleo como trompetista de la banda de Russ Morgan, con la que debutó en el Teatro Fox de Detroit. Posteriormente estudió bajo el auspicio del cornetista Herbert L. Clarke. Con la orquesta de Morgan recorrió EUA entre 1927 y 1937, y empezó a actuar para programas de televisión y radio, como en el del famoso Bing Crosby.

 

Por ese periodo Méndez comenzó a hacer transcripciones para trompeta de piezas de música clásica originalmente escritas para violín y piano, y de gran dificultad interpretativa, como obras de Paganini, Brahms o Haydn. Su dominio de la técnica también le permitió visitar casi todas las áreas de la música: interpretaba con deleite y maestría lo mismo pasodobles que música popular de mariachi y sonecitos, jazz y música clásica, en orquestas o como solista. Fue así que comenzó a diferenciarse del resto de los trompetistas.

 

La fama de Méndez en EUA comenzó a correr como la pólvora. Sobre todo por sus programas televisivos. Además era un dandi “con una presencia imponente”, hablaba perfectamente el inglés y explicaba al público cómo funcionaba su instrumento. Al despuntar la década de los años cuarenta firmó contratos con la disquera Decca, con la que registró 154 álbumes y vendió millones de vinilos, así como con los estudios Metro Goldwyn Mayer, en Los Ángeles. Con este último hecho iniciaba quizá la etapa más fructífera, de fama, prestigio y éxito económico de su carrera.

 

Dice la también trompetista e investigadora Alejandra Rosas, en su libro Rafael Méndez. Homenaje al trompetista mexicano: “Se convirtió en un showman, compositor, intérprete, arreglista. Lo maravilloso de su aporte es que hizo versiones para trompeta de música mexicana, pero también incluyó obras que originalmente eran para la voz o para otros instrumentos”. Fue durante ese periodo que hizo famosas sus versiones de Moto perpetuo de Niccolò Paganini y su arreglo para la pieza Jesusita en Chihuahua, de Quirino Mendoza, en la película Holiday in Mexico (1964), dirigida por George Sidney. También introdujo el gusto tanto en México como en EUA por los pasodobles y los clásicos del repertorio musical español, sobre todo con la pieza La Virgen de la Macarena, original de Bernardo Bautista Monterde.

 

También fue el primer ejecutante que tocó un programa completo con solos de trompeta en el Carnegie Hall de Nueva York en 1964, meca de los enormes artistas del mundo. Entre 1940 y 1963 llegó a dar 280 conciertos al año, principalmente en Estados Unidos, pero también en Europa, China, Japón y Argentina. Además, “más allá de las grabaciones en discos, fue director de orquesta en programas de radio y televisión. También participó en películas de Disney; su música es reconocida y estuvo en los estudios más importantes de Hollywood”, agrega Alejandra Rosas.

 

 

Esta publicación es sólo un fragmento del artículo "Rafael Méndez, el más grande trompetista" del autor Ricardo Lugo Viñas, que se publicó íntegramente en Relatos e Historias en México, número 102