• martes, 20 de febrero de 2018.

Luis Gonzaga Urbina

Cartografía urbana
Por: Luis Arturo Salmerón

El estilo poético de Urbina se ha definido como romanticismo “contenido” o “pudoroso”, o modernismo “sobrio”. Él se refirió a su adaptación a ambas corrientes: “Los modernistas no me reputan como suyo porque me consideran romántico; los románticos no me tienen como suyo porque me encuentran modernista”.

 

 

El poeta y periodista Luis G. Urbina nació en la ciudad de México el 8 de febrero de 1864 o de 1868, ya que entre los escasos datos que hay de su infancia, el de su año de nacimiento aún no ha sido precisado.

 

Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y desde muy joven empezó a trabajar como redactor en El Siglo Diez y Nueve, un periódico de gran circulación en el Porfiriato. Iniciaba así una larga carrera como periodista. Más adelante trabó estrecha amistad con el aclamado poeta Manuel Gutiérrez Nájera.

 

Cuando don Justo Sierra ocupó la recién creada Secretaría de Instrucción Pública en 1905, Urbina fue su secretario particular, al tiempo que impartía clases de literatura española en la Preparatoria. Para 1911 era editorialista del periódico El Imparcial, desde donde apoyó al general Victoriano Huerta que dio el golpe de Estado contra el presidente Francisco I. Madero en 1913, año en el que también fue director de la Biblioteca Nacional, cargo que desempeñó notablemente pese a las precarias condiciones en que recibió el recinto y que persistieron hasta la caída del huertismo en 1914.

 

Sus decisiones políticas lo orillaron al exilio en La Habana, Cuba, y después en Madrid. En 1918 se le perdonó su pasado huertista y fue nombrado primer secretario de la embajada de México en España. En 1920 tuvo un breve regreso a su país que fue interrumpido por el asesinato del presidente Venustiano Carranza. De vuelta en Madrid, ocupó algunos cargos diplomáticos hasta su muerte en 1934, ocurrida en esta ciudad. Sus restos fueron traídos a México y descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres de la capital.

 

Como poeta, Urbina fue a la vez romántico y modernista: para él todo lo material estaba dotado de un espíritu misterioso que abría las puertas a regiones ignoradas, como en su soneto En el alma:

 

Y todo vive en mí... pero ¡quién sabe!

Entre la sombra, la conciencia mía

canta, con ideal melancolía,

no sé que sueño misterioso y grave.

 

Quizá por ello, en el prólogo de uno de sus primeros libros de poesía, el maestro Justo Sierra escribió: “Su sensibilidad encuentra notas realmente divinas, por melancólicas, por sinceras”.

 

 

El artículo "Luis Gonzaga Urbina" del autor Luis Arturo Salmerón se publicó íntegramente en Relatos e Historias en México, número 102.