De cómo se hace nacer la flor para los muertos

Juan Antonio Reyes-Agüero

La rápida expansión de los cempasúchil en el mundo, dicen los expertos, se debió a que al momento de la conquista ya era una planta de ornato, peculiar, atractiva y domesticada. El proceso de selección ha continuado para obtener colores más intensos, incluso los genetistas modernos crearon variedades sin el barroco aroma a cempasúchil.

 

El cultivo tradicional del cempasúchil inicia con la selección en el altar de los ramilletes más grandes, bonitos, densos, y amarillos, que en haces se cuelgan de los aleros de las casas rurales; después de seis meses de esos ramilletes se obtiene la semilla. De acuerdo con la doctora Adriana Castro, con 1.5 a 3 kg de semilla se siembra una hectárea. El cempasúchil es noble: el suelo no necesita ser excelente, tampoco es imperativo el fertilizante y crece con al menos, la lluvia veraniega. La época para sembrar cempasúchil es por el solsticio del 21 de junio. El cempasúchil se puede sembrar en almácigos (lugar en el que se protege a las semillas y plantitas, luego ya grandes se trasplantan al campo agrícola), o directamente en el campo, en surcos poco profundos que se tapan con una fina capa de suelo. Quienes disponen de agua dan un riego al sembrar, y otro a los veinte días.

La semilla germina en un mes. El cempasúchil requiere unos cien días para florecer. Según las estadísticas oficiales de México, en 2022 se sembraron poco más de dos mil hectáreas y se obtuvieron 27 millones de plantas. El 75 por ciento de la producción se cosecha en el estado de Puebla, que se complementa en Ciudad de México, Guerrero, Jalisco, Estado de México, Michoacán, Morelos, Oaxaca y San Luis Potosí.

 

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De cómo la flor de cempasúchil, con su peculiar color y olor a muerte mexicana, nació en el seno de Mesoamérica y, siglos después, se fue a la China