• domingo, 16 de junio de 2019.

¡Vamos al cine! Les recomendamos “La ilusión viaja en tranvía”

México, 1954
Por: Marco Villa

 

Dirigido por Luis Buñuel, quien reunió el talento de José Revueltas y Juan de la Cabada en el guion, este filme recrea la entrañable capital mexicana de mediados del siglo XX

 

 

Para un obrero que es agradecido con su trabajo pese a la carestía, quizá no hay más honda pesadumbre que la de ver morir los medios a los que ha consagrado su empeño y una buena parte de su vida, como el Caireles y el Tarrajas, tranviarios que se enteran de que su carro va directo al desguace: el 133, infelizmente, debe abandonar el circuito antes de que la demanda y la modernidad de la mole urbana lo avasallen.

 

Para el conductor Juan Godínez Caireles (Carlos Navarro) y su cobrador Tobías Hernández Tarrajas (Fernando Soto Mantequilla), tal hecho justifica la borrachera que inician en la estación y continúan en la posada decembrina de cuya pastorela son actores principales. Ahí, en medio del jolgorio vecinal, reúnen el valor para robar el 133 y emprender su último viaje, en el que además los acompaña Lupita (Lilia Prado), hermana del Tarrajas. La aventura es divertida, insólita y emana de las entrañas de aquella Ciudad de México que, en sus rincones más alejados, justo donde conectaban los tranvías, aún se debatía entre lo rural y lo urbano.

 

Durante su odisea, Caireles y Tarrajas dan servicio a los más variados personajes: un escandaloso grupo de niños, un huérfano que cree ver a su madre caminando por la calle, los matarifes del rastro que cargan sus animales sacrificados, unas beatas con un Cristo ultrajado, un herido, una gringa que desconfía del servicio gratuito porque “huele a comunismo”, un aristócrata ebrio y venido a menos, entre otros que reflejan una cotidianidad cargada de frescura, ilusiones y sórdido humor, complementado con su repertorio de frases coloquiales y temas como las diferencias de clase, la explotación laboral, política, la devaluación de la moneda y más. En suma, una convivencia que por aquella época era natural encontrar en las calles capitalinas. “Ustedes saben que en los vehículos públicos de México es posible […] encontrar gente que lleva cajones de fruta, o pavos vivos, en fin: las cosas más increíbles”, expresó Luis Buñuel al respecto.

 

La ilusión viaja en tranvía, que inició rodaje en septiembre de 1953 en los estudios Clasa y se estrenó en julio siguiente en el cine Olimpia de Ciudad de México, fue un retrato de su tiempo y un homenaje quizá también a los tranvías que por entonces habían dejado de ser el medio de transporte más utilizado en la capital.

 

Bien puede apreciarse en la cinta de Buñuel que la ciudad se podía conocer en toda su extensión a bordo de un tranvía; a través de sus ventanas era posible apreciar tanto los mundos vírgenes de sus agrestes campos y llanuras como su corazón de concreto, cuando se estaba cerca de la zona centro.

 

Pero nada es para siempre, dice un clásico, y a finales de los cuarenta la capital comenzó a ceder sus espacios a las calles pavimentadas por donde andarían los camiones. En los cincuenta, los tranvías no serían más los protagonistas del transporte público; incluso, un accidente entre dos de ellos, que dejó un saldo de más de sesenta muertos, agudizó la desazón que ya para entonces provocaban entre la población.

 

Solo queda recomendar esta comedia que, como buena parte del legado fílmico de Luis Buñuel, nos acerca a esa parte del México a la que pocos quieren asomarse.

 

 

El artículo "La ilusión viaja en tranvía" del autor Marco Villa se publicó en Relatos e Historias en México número 124Cómprala aquí.