• domingo, 9 de diciembre de 2018.

Manuel Ávila Camacho

Por: Gerardo Díaz

 

Manuel Ávila Camacho fue jefe del Estado Mayor del general Lázaro Cárdenas y secretario de Guerra y Marina durante su gobierno, situación que le daría la amistad y confianza del presidente para sucederlo en 1940.

 

 

Para el General Francisco J. Múgica fue sumamente doloroso que tras ser uno de los hombres más allegados a la política de Lázaro Cárdenas, además de pieza fundamental para tomar la histórica decisión sobre la expropiación petrolera, no pudo contar con el total respaldo del presidente para ser su reemplazo. Y es que Cárdenas, analizando lo visto anteriormente en nuestro país al llegar el momento de una sucesión, optó por heredar estabilidad.

 

Dentro del partido oficial –llamado ya Partido de la Revolución Mexicana– se destacaron diversos personajes e ideologías interesantes para el siguiente sexenio: Francisco J. Múgica era visto como la corriente radical, el general Manuel Ávila Camacho como una postura moderada, así como otras aspiraciones que finalmente podrían ser derrotadas por las buenas o por las malas en las urnas.

 

La designación de Ávila Camacho como candidato dependió en gran medida por su actitud política, capaz de encontrar puntos de convergencia en el ámbito económico y social, sin caer necesariamente en el extremo de la derecha y sin alentar el radicalismo despertado tras la expropiación.

 

La Unidad Nacional fue la estrategia política utilizada por Ávila Camacho para llevar a cabo diversas medidas de control. La idea implícita fue el sacrificio por la patria, la prioridad de los intereses generales sobre los particulares y la adopción de medidas económicas, en aras del bienestar nacional. En otras palabras, se buscaba imponer el espíritu revolucionario. Además, estas medidas se desarrollaron también en el ámbito internacional, ya que permitió presentar a México como una democracia sólida ante los bloques que lucharían en la Segunda Guerra Mundial.

 

Ante ello, se optó por la política del “buen vecino”, orillada por el boicot que Estados Unidos mantuvo con México debido a la expropiación petrolera, que finalmente terminaría en un borrón y cuenta nueva energética ante la alianza propiciada por la Segunda Guerra Mundial. Ávila Camacho fue entonces un puente ideológico que hizo posible la continuidad política, gestionando los aspectos más “incómodos” del cardenismo, encauzándolos hacia una meta sexenal encontrando concordia con aquellos grupos a los cuales el cardenismo no favoreció del todo.

 

Es en este sentido que la presidencia de Manuel Ávila Camacho, nacido el 2 de abril de 1897, fue la gran heredera de las buenas y malas consecuencias de la expropiación petrolera y un buen ejemplo de política conciliadora entre todos los afectados. También fue responsable de administrar la siguiente sucesión presidencial que dejaría por primera vez en muchos años a un civil, Miguel Alemán, para finalmente retirarse de la política y morir en octubre de 1955.

 

 

El artículo "Manuel Ávila Camacho" del autor Gerardo Díaz se publicó en Relatos e Historias en México, número 119. Cómprala aquí.