• miércoles, 12 de diciembre de 2018.

El surgimiento del IMSS

Su legado arquitectónico en la capital mexicana
Por: Guadalupe Lozada León

 

Entre las instituciones surgidas como consecuencia de la Revolución mexicana, la primera de carácter social de la historia, está sin duda el Instituto Mexicano del Seguro Social, anhelo cumplido de muchas generaciones y que con el tiempo incorporaría no solo los servicios de salud, sino una gama impresionante de prestaciones que incluían cultura, prevención, cuidados familiares, vivienda, recreación y pensiones que aseguraran una vejez digna.

 

Sin duda alguna, la justicia social, anhelo de la Revolución Mexicana, había quedado establecida en la Constitución de 1917, cuyo artículo 123 fracción XXIX reza: “Se considera de utilidad pública la expedición de la Ley del Seguro Social y ella comprenderá seguros de invalidez, de vida, de cesantía involuntaria del trabajo, de enfermedades y accidentes, y otras con fines análogos”.

 

Primeros intentos

 

En lo que se refiere al contexto internacional, la creación del IMSS se vio influenciada porque en muchos países de América –Chile, Perú, Venezuela, Brasil, Uruguay y Argentina– estaban vigentes leyes de seguro social que favorecían a millones de familias proletarias. Y qué decir de Europa, en donde existía ya una legislación al respecto.

 

En 1925, el gobierno del general Álvaro Obregón elaboró el primer proyecto de Ley de Seguro Social, el cual no llegó a cristalizar. Sin embargo, sirvió para canalizar una corriente de opinión favorable a este tipo de disposición. En ese año también se estableció la Dirección General de Pensiones Civiles de Retiro, para los empleados federales.

 

De 1932 a 1940 se elaboraron diversos proyectos de seguridad social en los departamentos del Trabajo y Salubridad, en las secretarías de Gobernación y de Hacienda, y en la Comisión de Estudios de la Presidencia de la República. Sin embargo, ninguno prosperó.

 

Un ideal revolucionario

 

El 1 de diciembre 1940, al hacerse cargo de la primera magistratura de la nación, Manuel Ávila Camacho expresó ante el Congreso de la Unión el propósito de consolidar una política gubernamental de seguridad social, pero fue hasta el 2 de junio de 1941 que creó la Comisión Técnica para la elaboración del Proyecto de Ley de Seguros Sociales, designando como presidente de la comisión al secretario del Trabajo y Previsión Social, el licenciado Ignacio García Téllez.

 

Finalmente, el 3 de julio de 1942 García Téllez presentó la iniciativa de Ley del Seguro Social al presidente, en la que asentó: “El proyecto concreta uno de los más altos propósitos de la Revolución mexicana, tendiente a proteger a los trabajadores y asegurar su existencia, su salario, su capacidad productiva y la tranquilidad de la familia obrera, y contribuye al cumplimiento de compromisos exteriores, de promesas gubernamentales y de un deber constitucional ineludible”.

 

En septiembre de 1942 se celebró en Santiago de Chile la Conferencia Interamericana de Seguridad Social, en la que García Téllez presentó el proyecto mexicano sobre seguridad social que aprobaría la totalidad de las delegaciones que asistieron.

 

Entre las ventajas que los encargados de elaborar el Proyecto de Ley del Seguro Social destacaron, estaban: elevar las condiciones de vida de un importante sector de la población mexicana, aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores, mantener estables las relaciones obrero-patronales al eliminar intermediarios que perjudicaban a ambas partes en las disputas por el pago de prestaciones económicas, aprovechar los ahorros con fines de crédito productivo y de utilidad colectiva, abrir nuevas fuentes de trabajo en obras de interés público –como hospitales– y uniformar las prestaciones sociales de los trabajadores, contrarrestando las competencias basadas en la mano de obra barata.

 

Era evidente que divisaban un México más independiente, con mayor seguridad económica e igualdad social. Por ejemplo, el profesor Miguel Ángel Quintana, en una conferencia en la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, señalaba: “La Ley del Seguro Social […] contiene […] seguro de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales; seguro de enfermedades no profesionales y de maternidad; seguro de invalidez, cesantía y muerte, y los seguros facultativos y adicionales. Expedida la ley, habrá contribuido a la paz del futuro, porque sus trabajadores estarán en paz y, sin preocupaciones por la inseguridad del mañana, se dedicarán a la producción o tomarán parte en la lucha para defender su trabajo y su paz”.

 

El inicio y las dificultades

 

En diciembre de 1942 la Ley del Seguro Social fue aprobada por el Congreso. A inicios de junio del año siguiente se publicaron los primeros citatorios para que se iniciara la inscripción obligatoria de los patrones y trabajadores del Distrito Federal. Para el 24 de julio se habían registrado ya 7 000 de los 15 000 empleados que existían en la capital.

 

La Ley del Seguro Social estableció un cambio definitivo en la forma en que se indemnizaba a los trabajadores, pues aunque, en teoría, estaban protegidos por la Ley Federal del Trabajo, en la práctica la diferencia entre accidente de trabajo y enfermedad profesional era la razón de que un empleado no pudiera atenderse debidamente.

 

A lo largo de 1943, el IMSS se preparó para la apertura de sus servicios. Contaba en ese entonces con 207 empleados y su primer centro de operaciones estuvo en la calle de 16 de Septiembre, de donde se trasladaron tiempo después a Rosales 11. Allí contaba con un espacio más amplio para realizar las primeras inscripciones de patrones y asegurados. El primer servicio médico se dio a los empleados del IMSS en el edificio de la primera sede, para después instalar algunos consultorios y la farmacia en la calle de Ignacio Mariscal 7.

 

El primer director de la nueva institución fue el licenciado Santos Guajardo, pero el 3 de enero de 1944 el cargo pasó a manos de García Téllez. Ese año no fue ciertamente fácil para el IMSS, ya que existía inconformidad de parte de la sociedad hacia la nueva institución, lo que contrastó con el optimismo y empuje de sus empleados.

 

Para mediados de la década de 1940, de manera insuficiente y con imperfecciones en su funcionamiento, existían solo cinco sanatorios que prestaban servicio a los derechohabientes, mismos que se encontraban distribuidos por diferentes rumbos de la ciudad: el Sanatorio Número 1, ubicado en la confluencia de las avenidas México y Michoacán; el Número 2, especializado en oncología, situado en Niños Héroes; el 3, en Inglaterra, en la delegación Coyoacán; el 4, que prestaba servicios de traumatología en las instalaciones de lo que había sido el Hospital Italiano, y el 5, urológico, en la calle de Colima. Luego se agregaría el Hospital de Neuropsiquiatría en la colonia Santa María.

 

Pensar en grande

 

Dadas la incomodidad y restricciones que estos hospitales presentaban, las autoridades se dieron a la tarea de elaborar un plan de construcción de hospitales modernos, amplios, dotados de personal y equipo médico suficientes, capaces de alcanzar una medicina de excelencia.

 

El IMSS, todavía dentro del sexenio de Ávila Camacho, se planteó la urgente necesidad de levantar cuatro hospitales de zona repartidos en los cuadrantes de la entonces todavía pequeña Ciudad de México, pues con el auge que durante esos años alcanzaba la industria en la capital, el número de obreros afiliados al instituto había crecido considerablemente. Los nuevos centros fabriles se habían establecido, precisamente, en la entonces periferia del Distrito Federal, por lo que resultaba imperioso que a los trabajadores se les pudiera atender cerca de sus centros de trabajo.

 

De tal suerte que se propuso la construcción de un auténtico centro hospitalario que diera a los trabajadores mexicanos los servicios de atención médica especializados y contara con todos los adelantos en materia de salud. Para tal objeto, se llevó a cabo un concurso al cual acudieron los más destacados arquitectos y presentaron proyectos para la construcción del primer hospital de zona, frente al Monumento a La Raza.

 

El gobierno autorizó la expropiación de los terrenos situados en la esquina de Paseo de las Jacarandas y la calzada Vallejo, en la delegación Azcapotzalco, propiedad del señor Guillermo Flores Muñoz y su esposa Guadalupe Ochoa de Flores Muñoz, así como de dos predios anexos de Salvador Lutteroth y Luis Carraro, quienes recibieron seis pesos por cada metro cuadrado.

 

De un total de 130 proyectos, se eligió el de Enrique Yáñez, en colaboración con Raúl Cacho y Alberto T. Arai. Asimismo, el doctor Neftalí Rodríguez y el arquitecto Hanns Meyer presentaron el 21 de mayo de 1945 el programa médico-arquitectónico, que incluía un estudio en el que se mostraban los locales con los que debería contar el nuevo hospital.

 

Los efectos de la Segunda Guerra Mundial, que limitaban la producción en ciertas áreas y retardaban el intercambio de artículos indispensables, dificultaron el avance de la obra. De hecho, todas las grandes obras del instituto que estaban en construcción comenzaron a retrasarse de una manera alarmante. De igual forma, las condiciones por las que atravesaba el país no permitían concluir los trabajos.

 

Además, en agosto de 1948 se modificó de manera sustancial el proyecto original, lo cual ocasionó que la obra se siguiera retardando. Con estas modificaciones prácticamente tendría que suspenderse la construcción.

 

No obstante, durante la gestión de García Téllez –de acuerdo con la obra Instituto Mexicano del Seguro Social. 40 años de historia–, en 1945 se inició la construcción de la Clínica de Maternidad Número 1. Al año siguiente también comenzaron a construirse el Hospital de Zona de Narvarte, el Hospital de León, Guanajuato, y el de Puebla. Se alcanzó una cifra de 18 sanatorios, 24 clínicas, 150 consultorios, 27 laboratorios y 9 farmacias.

 

La primera unidad habitacional del IMSS

 

La llegada al poder del presidente Adolfo Ruiz Cortines en 1952 trajo como director del IMSS a don Antonio Ortiz Mena, quien se encargó de hacer realidad el concepto integral de seguridad social, en el que los beneficios se extendían con el fin de lograr un mejor nivel de vida para los trabajadores y sus familias.

 

Al amparo de esa modernidad, se proyectó una gran cantidad de inversiones en obras que transformarían por completo la imagen del Seguro Social entre la sociedad mexicana.

 

El crecimiento demográfico significaba ya un enorme problema debido a la falta de vivienda. Entonces el IMSS construyó casas y departamentos higiénicos y baratos para los trabajadores y sus familias. La más representativa de estas unidades, por su magnitud, fue la construida en Santa Fe, en los límites de la capital. Las antiguas barrancas de Lomas de Becerra se transformaron en una pequeña y moderna ciudad que contaría con 1 268 casas y 23 multifamiliares con 932 departamentos, en los que podrían vivir no menos de 12 000 personas.

 

Con una moderna concepción del espacio habitacional, fue inaugurada por el presidente Ruiz Cortines el 25 de julio de 1957. En ese año, en la revista Arquitectura México se comentó: “se quería […] iniciar la etapa de los servicios sociales a través de una unidad que fuera síntesis y ejemplo de los que otorga el Seguro Social, la unidad ‘Santa Fe’ cuenta con ‘el centro social’ que será el eje de la vida social y cívica de la colonia […] tenemos ya auditorio para representaciones de todo tipo, gimnasio, casino, cafetería, espacios para diversión, cursos […] y está concebido para ser el centro de reunión para los actos cívicos y sociales que deben celebrarse intramuros y para las reuniones, conferencias y festivales que interesen a todos los habitantes de la unidad”.

 

Consideradas como modelos, las unidades habitacionales del IMSS se caracterizaron por representar un nuevo estilo de vida para los trabajadores, en ocasiones habituados a permanecer hacinados en las barrios bajos de las grandes urbes o a disponer de la mayor parte de su sueldo para rentar una vivienda más amplia y cómoda. Asimismo, el concepto de unidad para designar a estos enormes conjuntos llevaba implícita la convivencia vecinal.

 

 

Si quieres saber más sobre el Hospital de La Raza y el Centro Médico Nacional, busca el artículo completo “El surgimiento del IMSS y su legado arquitectónico en la capital mexicana”, de la autora Guadalupe Lozada León que se publicó en Relatos e Historias en México número 117. Cómprala aquí.