Las medidas impositivas de la monarquía en Nueva España

Gisela Von Wobeser

A inicios del siglo XIX, el financiamiento a las guerras de la monarquía española ya no podía sostenerse ni con los cuantiosos recursos provenientes de sus colonias en América. En Nueva España se administraba el cobro de las diversas rentas en la casa de la Real Aduana, ubicada frente al templo de Santo Domingo, en la Ciudad de México.

 

La Corona española llamó Consolidación de Vales Reales a una medida impositiva mediante la cual enajenó capitales de inversión pertenecientes a instituciones y fundaciones religiosas. Se trataba de bienes raíces, dinero líquido y capital cedido mediante préstamos a terceros (del cual se obtenían réditos). Estos bienes servían para el mantenimiento de las instituciones y el funcionamiento de las fundaciones piadosas. Para evitar el rechazo a la medida, la Corona la manejó como un préstamo y se comprometió a pagar un 5% anual sobre las cantidades enajenadas, compromiso que inicialmente solo cumplió parcialmente y que, a partir de 1810, con el estallido de la lucha por la independencia en Nueva España, suspendió.

Como una gran parte de los capitales implicados en la Consolidación de Vales Reales estaba en manos de particulares (por haberlos recibido mediante préstamos), fue la imposición económica más repudiada y que más estragos causó entre las personas. Debido a que muchos de los deudores carecían de losrecursos necesarios para regresar el dinero que adeudaban, perdieron las propiedades urbanas y rurales que los garantizaban y con ello sus negocios, empresas rurales y mineras, obrajes y casas habitación, entre otros. En la resistencia que se creó para evitar su implantación se encuentra el germen de la lucha por la independencia, por el malestar general que provocó y el odio a los españoles que causó.

El decreto y la oposición

En abril de 1805 la sociedad novohispana se cimbró ante la noticia de la inminente aplicación de la Consolidación de Vales Reales, pues significaba extraer, una vez más, importantes cantidades de la riqueza del territorio hacia la metrópoli, en perjuicio de un gran número de instituciones eclesiásticas y seculares, así como de numerosas personas.

La Consolidación, como se le conoció de manera abreviada, fue un decreto mediante el cual la monarquía española se apropió de los bienes de inversión (inmuebles, capitales líquidos y capitales invertidos mediante préstamos) pertenecientes a las instituciones y fundaciones religiosas. Su propósito fue generar recursos para sufragar los gastos de guerra después de la derrota de Trafalgar contra Inglaterra, entre 1805 y 1808, así como cumplir con los pagos a Napoleón Bonaparte a los que estaba comprometida la Corona española.

La medida se impuso tanto en España como en los virreinatos de América. Nueva España resultó el reino más afectado, ya que pagó el 67% del total recaudado en el continente americano. Tan solo las provincias de México, Valladolid y Puebla sufragaron el 80% de todo el reino. Esto explica las dimensionespopulares de la insurrección en este territorio en 1810, pues la Consolidación empobreció a los pueblos indígenas, a comerciantes, mineros, clérigos, artesanos, campesinos, así como a la élite criolla y peninsular.

Con el objeto de garantizar que las instituciones y los beneficiarios de las fundaciones piadosas siguieran contando con las rentas que anteriormente proporcionaban sus capitales de inversión y los inmuebles que arrendaban, la Corona se comprometió a pagarles réditos de 5% anual sobre las cantidades enajenadas. Es decir, la Consolidación se manejó como un préstamo forzoso. Pero la Corona delegó esta obligación del pago de los réditos a las tesorerías novohispanas, sin proporcionales los medios para hacerlos. Así, entre enero de 1806 y abril de 1809, solo se cubrió el 57% de lo que hubiera correspondido.  Además, entre 1809 y 1812 los pagos fueron decreciendo, ya que todos los recursos de la Corona se destinaron a combatir el movimiento insurgente que estalló en septiembre de 1810.

 

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