Ignacio Bernal y García Pimentel, un hombre entre la arqueología y la historia

Eduardo Matos Moctezuma

 

“La historia es algo más que una especie de crónica sofisticada. Es el estudio e interpretación de los acontecimientos del pasado. Por ello se debe cuidar siempre que no se convierta en solo estilo literario o colección de detalles sin significación para nadie”

 

 

“Muchos creen que la arqueología consiste en exploraciones de campo y en algunas técnicas de laboratorio; para ellos el arqueólogo ya no es el de la novela del siglo pasado, sino que viste ahora casco y botas, y en los países nórdicos usa shorts en el verano y fuma una pipa. Lleva, como los turistas, cámaras abundantes y en múltiples bolsas coloca punzones y brochas, lápices y pinceles. Es un descubridor de ciudades o tumbas que camina intrépido por selvas y desiertos. Así los grandes momentos de la Arqueología, en libros banales de divulgación, se reducen al encuentro de las joyas de Troya y de Micenas por Schliemann o a los despojos de Egipto por Belzoni y de Persia por Botta”.

 

Las palabras anteriores formaron parte del discurso de ingreso del doctor Ignacio Bernal y García Pimentel a la Academia Mexicana de la Historia el 29 de abril de 1963. En ellas nos dice su autor lo que no es la arqueología. Más adelante, atendiendo al título que dio a este discurso, recuerda lo siguiente:

 

“El siglo XIX veía al arqueólogo como una especie de loco desmelenado, vacío de conocimientos pero lleno de fantasía, descubridor de tesoros antiguos a base de inspiración poética. Su fin era a veces comercial pero más frecuentemente lo movía la pasión, esa pasión que celebra Erasmo en su Elogio de la locura. En tono ligero me he permitido recordar tan célebre libro con el título de este discurso…”

 

En efecto, nuestro arqueólogo tituló sus palabras de ingreso como “Elogio de la Arqueología”, compartiendo la misma pasión que Erasmo. Veamos ahora cuál era el concepto que de la disciplina tenía don Ignacio:

 

“La arqueología como parte de la Antropología, según se entiende la palabra en América, podría por tanto discutirse dentro del contexto de esta ciencia y así se ha hecho en general. Pero para mí, la Arqueología está más íntimamente conectada con la Historia aunque no como preludio a ella, sino como parte integrante de ella. No sé si sea irreverente hacia Clío el suponer que una musa tuvo hijos; de ser así, uno de ellos sería la Arqueología.”

 

Establecidos así por el autor los alcances del quehacer arqueológico, podemos afirmar que actualmente esta disciplina ha continuado con un desarrollo evidente, apoyado en otras ciencias que la ayudan en la interpretación del pasado –la física, la biología, la geología, la química y otras más– y la verdad es que todas ellas, aplicadas a sociedades desaparecidas, enriquecen de manera notable el acercamiento a lo que fue. De esta manera, Ignacio Bernal representó un momento importante de nuestros conocimientos del mundo antiguo mesoamericano.

 

Pero ¿quién fue don Ignacio Bernal? Nació en París el 13 de febrero de 1910 y por la rama materna era descendiente del célebre don Joaquín García Icazbalceta. Tras llevar a cabo estudios de abogacía se decidió por estudiar arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, donde se graduó en 1946, alcanzando así el título de arqueólogo por la Secretaría de Educación Pública y el de maestro en Ciencias Antropológicas por la UNAM. Se doctoró en esta última institución en 1949. Años más tarde, en 1975, obtuvo el grado de master en Artes en la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Entre 1948 y 1959 dirigió el Departamento de Antropología del Mexico City College y ocupó el cargo de secretario general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), entre 1954 y 1955. Estuvo en París como consejero cultural de la embajada de México (1955-1956) y a su regreso al país fue jefe de Monumentos Prehispánicos del INAH hasta 1958. Tras la inauguración del Museo Nacional de Antropología en Chapultepec, ocupó en dos ocasiones la dirección del mismo y alcanzó la dirección general del INAH entre 1968 y 1971.

 

Son muchas las publicaciones que se deben a sus investigaciones y vemos cómo un buen número de ellas trata acerca de dos culturas que siempre atrajeron su atención académica: zapotecos y mixtecos. En los Valles Centrales de Oaxaca emprendió excavaciones en sitios como Monte Albán, donde fue colaborador del doctor Alfonso Caso, de quien siguió sus pasos; en Yagul y en Dainzú hizo descubrimientos notables. Sin embargo, también atendió lo relativo a otras culturas mesoamericanas e hizo aportes significativos en temas diversos como el arte prehispánico y la historia de la arqueología. Es así como podemos enumerar algunos de sus títulos más conocidos: La cerámica preclásica de Monte Albán (1946), Exploraciones en Cuilapan de Guerrero (1958), Tenochtitlan en una isla (1959), Bibliografía de arqueología y etnografía (1962), La cerámica de Monte Albán, en colaboración con Alfonso Caso y Jorge Acosta (1967), El mundo olmeca (1968), Cien obras maestras del Museo Nacional de Antropología (1969), Arte precolombino de América Central (coautor con Paul Gendrop), Historia de la arqueología en México (1979), por mencionar solo algunos; además de buena cantidad de artículos publicados en numerosas revistas nacionales y extranjeras.

 

Por sus investigaciones y aportes a la arqueología fue distinguido con premios tanto nacionales como internacionales. Entre los primeros debemos destacar el Premio Nacional de Ciencias y Artes en la rama de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía en 1969. Perteneció a instituciones como El Colegio Nacional, la Sociedad Mexicana de Antropología, la Academia Mexicana de la Lengua y la citada Academia Mexicana de la Historia, en donde sus palabras de ingreso fueron respondidas por un destacado miembro: don Alfonso Caso. En el extranjero se le galardonó en países como Inglaterra, Alemania Federal, Francia, Senegal, Holanda, Italia y en otros más que vieron en Ignacio Bernal a un hombre de ciencia dedicado a la arqueología, además de que obtuvo reconocimientos de universidades e instituciones en las que dictó cátedra, dando así una amplia difusión a las culturas del México antiguo.

 

Don Ignacio Bernal falleció en Ciudad de México el 24 de enero de 1992 y su legado y aporte a la arqueología y a la historia, así como sus cualidades de honestidad científica y generosidad, seguirán siendo apreciadas y valoradas por todos nosotros.

 

 

El artículo "Ignacio Bernal y García Pimentel" del autor Eduardo Matos Moctezuma se publicó en Relatos e Historias en México, número 122. Cómprala aquí.