• Sunday, 22 de April de 2018.

¡Vamos al cine! Les recomendamos "Días de otoño"

Roberto Gavaldón, 1963
Por: Marco Villa

El ambiente de la estación de trenes capitalina de Buenavista, cuya perfecta simetría se mezcla esta vez con un frío y desolador ambiente, recibe a la bella Luisa, que por la expresión de su seño parece tener más miedo que ganas de abrazarse a la esperanza de una vida próspera. Y así, con el rechinar de las ruedas en sintonía con sus sigilosos pasos, la pueblerina pasa sus primeros instantes en la capital de aquel México de los años sesenta que ya crecía exponencialmente, tanto en infraestructura como en población y ambiciones de volverse una metrópoli de primer orden.

 

Interpretada por Pina Pellicer, Luisa va y viene del centro y poniente al sur de la ciudad: de la panadería de don Albino (Ignacio López Tarso), ubicada dentro de un gran centro comercial en la colonia Del Valle, a su precaria vivienda en una vecindad de Tacubaya que hasta hoy existe, a unos pasos del metro Juanacatlán, sobre avenida Jalisco. También, desde una céntrica habitación de azotea a la que después se muda, divisa la antigua embajada de Estados Unidos y el edificio del Moro de la Lotería Nacional. Ambos inmuebles flanqueaban la estatua ecuestre de Carlos IV, alzada en ese tiempo en la glorieta de la intersección de las avenidas Reforma, Bucareli y Juárez, y ya para entonces perdida entre el tránsito automovilístico. Y por las noches, penetra en su ventana el resplandor de la luminiscencia que enmarca los anuncios espectaculares de las marcas de moda.

 

En su trabajo –una panadería El Globo que se ubicaba por el rumbo de Universidad y Eje 8 Sur– vive ensimismada y a diario se muestra huraña con sus compañeras, quienes inquietas por su hermetismo la abordan con preguntas sobre su vida amorosa. Luisa anhela casarse, adora a los niños; fantasea, sueña… pero su soledad la desdibuja. “Necesito tanto que me quieran”, musita en algún momento.

 

Las cosas se complican cuando decide inventarse una relación con un tal Carlos, al punto de anunciar que se casará con él “en quince días”, justo cuando don Albino muestra interés en ella. Narra a todos que lo conoció fortuitamente, cuando él se detuvo para ayudarla a recuperar su zapatilla sobre Periférico –sin el tráfico de nuestros días ni su segundo piso–, a la altura de Tacubaya y con el templo de San José y el exconvento de San Diego de fondo, justo donde pasara el ferrocarril de Cuernavaca.

 

La invención que ella creó la piensa como una realidad y así se prepara para el día de la boda en la iglesia de la Candelaria, también en Tacubaya, a la que el novio, por supuesto, no llega. Desconsolada, decide continuar con su invención y además anuncia que espera su primer hijo. Para Luisa, el amor termina siendo solo un territorio idealizado y el paraíso de su soledad. Pensar en concretarlo es solo desilusión. “Si no podemos amar viendo que la noche avanza, celebremos una alianza con ese sueño mentido. Un día acabará el olvido o acabará la esperanza”, reflexiona.

 

Con fotografía de Gabriel Figueroa, este drama psicológico fue dirigido por Roberto Gavaldón, el de la icónica Macario, la primera película mexicana nominada a un premio Oscar. Ambas cintas tienen coincidencias importantes: a López Tarso y Pellicer como la pareja protagonista y que están basadas en las historias del misterioso escritor que firmaba como Bruno Traven. Para este filme se trató del cuento Frustration, en cuya adaptación participó el joven dramaturgo Emilio Carballido.

 

Finalmente, vale la pena hablar de Josefina Yolanda Pellicer López de Llergo, mejor conocida como Pina Pellicer, una mujer de un talento innegable, pero también invadida por la desolación que finalmente la llevó al suicidio, apenas con treinta años de vida. Sobrina del poeta Carlos Pellicer, en cinco años de intensa carrera protagonizó la única cinta dirigida y actuada por el estadounidense Marlon Brando, El rostro impenetrable, que ganó el premio a mejor película en el Festival de San Sebastián (España) en 1961, así como el de mejor actuación femenina para ella. En 1963 participó en el programa de televisión norteamericano El fugitivo, en el episodio “Smoke Screen”. También fue requerida por el cineasta Alfred Hitchcock, pues en 1964 actuó en el programa Alfred Hitchcock presenta..., en el episodio “The Life Work of Juan Diaz”, escrito por Ray Bradbury.

 

Por sus locaciones, el suspenso de su trama y las grandes actuaciones, le recomendamos esta entrañable cinta que deseamos disfrute.

 

 

El artículo "Días de otoño" del autor Marco Villa, se publicó íntegramente en Relatos e Historias en México número 116