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  • lunes, 22 de enero de 2018.

Pedro de Alvarado

Por: Gerardo Díaz

 

Una anécdota muy difundida e inverosímil sobre Alvarado cuenta que huyó en la Noche Triste tras colocar su lanza en un canal de Tenochtitlan, el cual brincó de forma similar al salto de garrocha actual.

 

 

Tal vez el conquistador español más conocido en México, después de Hernán Cortés por supuesto, es Pedro de Alvarado. Su nombre remite directamente a la llamada Noche Triste en 1520, en la que los mexicas por poco destruyen al ejército español en Tenochtitlan, tras un enfrentamiento ocasionado por una matanza ordenada por Alvarado, quien argumentaba que los mexicas preparaban una emboscada a los suyos.

 

Este soldado nació aproximadamente en 1485 en Badajoz. Ante la dificultad de ascender en la sociedad española, se aventuró al continente americano. En 1518 estuvo presente en la expedición de Juan de Grijalva sobre las costas de Yucatán y Tabasco. Luego, admirado por las posibilidades de obtener fama y riqueza, solicitó unirse a Cortés cuando se enteró de que este comandaría otra incursión. En ella, Alvarado demostró gran valor, pero también su desmedida ambición cuando saqueó templos, además de mostrarse cruel con los naturales de varias regiones, incluyendo a los mexicas, ante quienes salvaría su vida milagrosamente en una huida épica a orillas de la ciudad. A pesar de estar descontento con sus actos, don Hernán no lo castigó ni expulsó, pues reconocía sus virtudes de guerrero, las cuales demostró en las batallas que terminarían con la rendición mexica.

 

Consolidado el poder español en México, Alvarado se dirigió a Guatemala. Su campaña fue un éxito, a tal grado que años después el rey lo nombraría gobernador y capitán general de la región. En 1534 partió de su capitanía rumbo a Quito para expandir más la geografía de sus conquistas. A pesar de acudir con buena cantidad de hombres, los enviados del conquistador español Francisco Pizarro se adelantaron a sus planes y llegaron primero. No por ello el experimentado soldado dejó de obtener provecho del aparente infortunio, pues logró pactar un generoso pago en oro a cambio de los buques, hombres y pertrechos que llevó consigo.

 

De regreso en Nueva España, con la intención de explorar la costa norte del Pacífico mexicano, el virrey Antonio de Mendoza y Alvarado pactaron una expedición, la cual fue interrumpida al conocerse la sublevación indígena en el Mixtón y el peligro que corría Nueva Galicia. Al acudir en auxilio de los suyos, pudo más el orgullo del conquistador que la sabiduría del soldado y, abandonando toda ventaja, procuró la carga sobre aquel cerro.

 

Se dice que sus heridas no fueron causadas por los indígenas, sino por la caída accidental de un jinete y su corcel sobre él. De cualquier manera, el daño fue mortal y falleció el 4 de julio de 1541, no sin antes pronunciar sus últimas disposiciones terrenales. 

 

 

La nota breve "Pedro de Alvarado" del autor Gerardo Díaz se publicó en Relatos e Historias en México, número 113.