La censura de una historia

La sombra del caudillo
Carlos Martínez Assad

¿Quién fue el general Francisco Serrano Barbeytia? Desde muy joven, en Sonora, se incorporó a las filas revolucionarias de Álvaro Obregón, a quien apostó su futuro. Fue jefe de su Estado Mayor y con el caudillo libró las fulgurantes batallas que los llevaron hasta el triunfo. Fue secretario de Guerra en su gobierno y, casi al término del de Plutarco Elías Calles, gobernador del Distrito Federal. El 10 de julio de 1927 manifestó su intención de contender por la presidencia, pero eso significó la ruptura con Obregón, quien pretendía reelegirse. El 3 de octubre de ese año, Serrano fue asesinado junto a trece acompañantes en la carretera a Cuernavaca. La censura del régimen oscureció esta historia.

 

 

La ejecución

“El que ordenó el ajusticiamiento del general Serrano y de todos sus acompañantes en Huitzilac, el 3 de octubre de 1927, fue el presidente Calles”, afirmó contundente el general Joaquín Moreno Suárez. Por su parte, el general Luis Alamillo Flores relató haber sido comisionado por Joaquín Amaro, entonces secretario de Guerra, para escoltar a los prisioneros de Cuernavaca a México, pero luego fue llamado a presentarse en otra contingencia y no pudo cumplir el encargo; sin embargo, después de comer ese día con el general Álvaro Obregón en casa de Amaro, supo de la indignación de Plutarco Elías Calles cuando se le informó, en el Castillo de Chapultepec, que Francisco Serrano y trece prisioneros habían sido fusilados,[1] luego de que supestamente estaban conspirando contra su gobierno y en oposición a la reelección de Obregón como presidente.

 

Por su parte, el expresidente Emilio Portes Gil excusó tanto a Obregón como a Calles de haber ordenado el asesinato. Pero poco significó frente a la versión de la responsabilidad del primero dada por el general Claudio Fox, el encargado de interceptar a los presos en Cuernavaca y, por tanto, quien dio la orden a los soldados de disparar. Años más tarde, Fox relató a Carlos Moncada que cuando Obregón fue a cerciorarse de los muertos, preguntó: “¿Dónde está Pancho que no lo veo?”. Cuando se lo mostraron en aquel amasijo de lodo y sangre, exclamó: “¡Qué feo te dejaron, Pancho!”. Y de inmediato agregó: “No digas que no te doy tu ‘cuelga’, en unos minutos más es el día de San Francisco”.[2]

 

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “La censura de una historia” del autor Carlos Martínez Assad y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 95.

 

[1] Federico Campbell (recop.), La sombra de Serrano, México, Proceso, 1981.

[2] Citado por Pedro Castro, A la sombra de un caudillo. Vida y muerte del general Francisco R. Serrano, México, Plaza y Janés, 2005, p. 296.