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  • martes, 19 de septiembre de 2017.

Xavier Mina en Londres: nido de conspiradores y patriotas americanos (1815-1816)

Por: Guadalupe Jiménez Codinach

Xavier Mina abandonó el territorio francés y, con el apoyo secreto de algunos amigos, regresó a España y se embarcó en un buque holandés con destino a la Gran Bretaña, a donde llegó aproximadamente el 15 de abril de 1815.

 

Llegó a Inglaterra precedido por su fama como valiente guerrillero. Existe un testimonio de su presencia en Londres fechado el 17 de junio de 1815, ya que aquel día Xavier le escribió a sir Robert Stewart, lord Castlereagh, desde su habitación del Prince of Wales’s de Leicester Square, para interceder a favor de dos de sus oficiales llegados a Inglaterra sin pasaporte vigente y arrestados en la aduana.

 

Sus hombres fueron liberados pero carecían de recursos y, por ello, Mina le pedía a Castlereagh apoyo para los trece oficiales, incluido su capellán. El propio Xavier pasaba apuros económicos y en dicha carta afirmaba: “Si el Gobierno [inglés] no me ayuda, recurriré a la caridad pública”. Esta solicitud de apoyo económico se explica porque las autoridades británicas y algunos particulares socorrían a los veteranos españoles en la guerra peninsular contra Napoleón. Mina y sus oficiales, así como el doctor y sacerdote novohispano Servando Teresa de Mier, recibieron ayuda pecuniaria de Inglaterra en su calidad de veteranos de la lucha contra los franceses en la península ibérica, y no como temerariamente se ha dicho, como “agentes del gobierno inglés”, ya que eran liberales y no eran cercanos al gobierno Tory (conservador) británico.

 

En 1815 la Gran Bretaña se enfrentó nuevamente a Bonaparte hasta vencerlo, el 18 de junio, cerca de Waterloo (hoy en Bélgica). España, por su parte, había cambiado su actitud recelosa hacia los británicos y buscaba congraciarse con el gobierno Tory para que este aceptara mediar en la América hispana con los insurgentes, a lo que se había negado entre 1811 y 1812.

 

El 9 de julio de 1815 el Consejo de Indias reconoció ante el rey Fernando VII que únicamente la mediación inglesa podría acabar con la insurrección americana y que la Nueva España tendría que quedar incluida en dichas negociaciones, algo a lo que los españoles se habían opuesto firmemente en años anteriores.

 

Para el 13 de julio, Mina había cambiado de domicilio en Londres: ahora escribía desde el número 21 Montague Street en Portman Square. En ese mismo domicilio un informante secreto del gobierno inglés transmitía datos sobre Mina y sus compañeros: se llamaba J. D. R. Gordon y en sus reportes a la Foreign Office (Oficina de Asuntos Extranjeros) retrataba a Xavier como un joven que actuaba movido por ideales y no por instrucción de algún gobierno.

 

Los informes confidenciales de Gordon revelan que Mina tuvo un primer plan para su expedición a la Nueva España: auxiliaría a don José María Morelos y Pavón, como lo indicaba un proyecto anterior a julio de 1815. Se intentaría reconciliar a los rebeldes americanos con los españoles peninsulares, idea que pudiera proceder de la comunidad de ideales entre liberales españoles y patriotas americanos en Londres. Gordon anotaba que “Mina tenía un número suficiente de oficiales para la formación de un ejército de 8,000 hombres, además de las fuerzas a las órdenes de Morelos”.

 

La idea de una expedición preparada desde Inglaterra en auxilio de la independencia de la América española no era nueva. Desde 1790 patriotas hispanoamericanos como Francisco de Miranda (1750-1816), originario de Caracas (Venezuela) y precursor de las luchas emancipadoras de la América española, habían fundado la Gran Logia Americana en Londres, más tarde conocida como Logia de Caballeros Racionales o de Lautaro, la primera de varias logias Lautaro (hubo en Cádiz, Caracas, Filadelfia, Buenos Aires, Mendoza, Santiago de Chile y Xalapa en Veracruz), toda ellas dedicadas a conseguir la independencia de la América del norte y de la del sur.

 

En estas logias se reunían los patriotas americanos que deambulaban por Europa en busca de apoyo financiero y militar para auxiliar a las insurgencias que luchaban en sus diversos países. No estaban solos; consiguieron la simpatía de notables personajes políticos, como lord William Pitt (1758-1806) y lord Nicholas Vansittart (1766-1851), amigos de Miranda, y lord Henry Holland (1773-1840) y lord John Russell (1792-1878), patrocinadores de Mina.

 

Lord Russell, miembro de una de las más acaudaladas familias de Gran Bretaña, se entusiasmó con los planes de Mina y lo presentó con lord y lady Holland, en cuya residencia de Holland Park se daba cita lo más granado de la sociedad intellectual británica. Lord Holland era un notable hispanófilo, admirador de la literatura española y jefe del Partido Whig o liberal, opositor del partido gobernante de los tories. Los invitados a Holland House eran, en su gran mayoría, filósofos, clérigos, militares, políticos liberales y progresistas, escritores que estaban estrechamente ligados a la revista de vanguardia The Edinburgh Review, donde escribían autores como Thomas Moore, Sidney Smith, John Mackintosh y otros.

 

Lord Holland defendía la libertad de la América española e intercambiaba correspondencia con españoles peninsulares y americanos de diversas ideologías, como el embajador de España en Londres, Fernán Núñez, con el duque del Infantado, con los exvirreyes de Nueva España Francisco Javier Venegas y Juan Ruiz de Apodaca, con el exsacerdote José Blanco White, editor del periódico El Español de Londres, con Gaspar de Jovellanos, funcionario ilustrado español, y con Manuel Quintana, poeta y diputado de las Cortes de Cádiz. También se reunía con patriotas hispanoamericanos como el caraqueño Andrés Bello, con Luis López Méndez, Juan Germán Roscio y otros más.

 

Gracias a John Russell, Mina tuvo reuniones en Holland House el 16 de septiembre de 1815 y el 20 de octubre del mismo año. Lord Holland le presentó al entonces joven general estadounidense Winfield Scott, quien sería futuro invasor de México en 1847. Además del apoyo de Holland y Russell, Mina recibió ayuda de los comerciantes ingleses Edward Elice, Daniel Stewart, John Bellingham Inglis, James Inglis, James Brusch, la casa Gordon y Murphy, Haley, Isturiz, Fermín de Tastet, Kinnel y Hader.

 

Se quejaba Fernán Núñez, el embajador español, que el comerciante Isturiz contribuyó con 2 000 libras esterlinas, Haley con 3 000 y lord Holland con 3 000. Además, Mina contó con el entusiasta apoyo moral de varios novohispanos que estaban por entonces en Londres, entre ellos el padre Servando Teresa de Mier, quien había llegado a Inglaterra probablemente el 7 de octubre de 1811 en compañía del rioplatense Carlos María de Alvear y su esposa Carmen, así como del novohispano Wenceslao de Villaurrutia.

 

Días después de su llegada a Londres, Alvear escribía a un amigo comentando que había establecido en Londres la Logia de Lautaro número 7, de la cual eran miembros el padre Mier, Manuel Moreno, los hermanos José Francisco (segundo marqués del Apartado) y Francisco Fagoaga (a quien Mier llamaba “Frasquito”), así como el primo de ambos, Wenceslao de Villaurrutia. También acudían a dicha logia el mencionado Andrés Bello, Matías Zapiola, José de San Martín y Vicente Chilavert, entre otros.

 

En la Inglaterra de aquellos años tuvo lugar un acercamiento entre españoles liberales y patriotas americanos, quienes, nostálgicos de sus respectivas patrias, se unieron en una comunidad liberal hispánica; por ejemplo, el sevillano José Blanco White ayudó al venezolano Andrés Bello y al padre Mier, originario de Monterrey, en la Nueva España.

 

La familia Fagoaga, según el sabio Alejandro de Humboldt, era la más acaudalada no solo de la Nueva España sino de toda la América. Los hermanos Fagoaga fueron el aval que dio credibilidad a Mina y animó a los comerciantes a prestar el dinero necesario para comprar armas, pertrechos de guerra, uniformes, contratar un barco, pagar sueldo a los oficiales, etcétera.

 

 

Esta publicación es un fragmento del artículo "Xavier Mina y la guerra contra el absolutismo español" de la autora Guadalupe Jiménez Codinach, que se publicó íntegramente en Relatos e Historias en México, número 106.