Sarah Louis Vaughan embajadora del Jazz en Bellas Artes

Jaime Bali Wuest

La cartelera anunció la presentación para el día 28 de octubre de 1972 de la gran cantante negra norteamericana Sarah Louis Vaughan en el Palacio de Bellas Artes, el público mexicano se entusiasmó con esta noticia y se apresuró a conseguir los boletos de entrada. Era lógico: se trataba de una de las artistas que junto con Billie Holiday y Ella Fitzgerald formaban una constelación sin precedente en el vecino país. Sarah decidió venir a México nuevamente para cerrar una gira por Latinoamérica porque sabía el gusto del público mexicano por el jazz. Esta función reuniría a dos generaciones, la de antes de 1968, que la conocía por sus grabaciones y las presentaciones exitosas que había tenido en este país años atrás, y a la de esos días que todavía no dejaban de estremecer a México. Una buena parte de quienes asistirían sabían de su virtuosismo al piano y de su fascinante voz, que, como agua cristalina, brincaba del registro grave al de soprano. Esperaban encontrarse de nuevo con su extraordinaria inventiva armónica y su gran capacidad para la improvisación. No importaba que hubieran pasado muchos años desde que por primera vez cantó en la iglesia, ellos irían a oírla como si el tiempo no hubiera transcurrido desde que cantó con la orquesta de Billy Eckstine en 1943 y cuando alternó con dos instrumentistas del bebop como Charlie Parker y Dizzy Gillespie de los que recibió una influencia indiscutible. Deseaban estar allí para pedir: If You Could See Me NowTenderly It’s Magic.

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “Sarah Louis Vaughan embajadora del Jazz en Bellas Artes” del autor Jaime Bali Wuest y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 25.