Riqueza agrícola

En el atlas de García Cubas, 1885
Luis Arturo Salmerón

El “cuerno de la abundancia”, expresión atribuida a Alexander von Humboldt para referirse a la riqueza extraordinaria de los recursos naturales de México en el siglo XIX, es sostenida con firmeza por el cartógrafo Antonio García Cubas en la “Carta agrícola” (lámina VIII) de su Atlas pintoresco e histórico de los Estados Unidos Mexicanos, publicado en 1885.

Y es que si los recursos del subsuelo eran el principal aliciente para atraer la inversión extranjera tan ansiada por el régimen porfirista, la variedad de productos que podían obtenerse del cultivo de su superficie no se quedaba atrás.

Una vez más las cartas de García Cubas parecen dirigidas al lector extranjero más que al mexicano: “Esta privilegiada zona no presenta para la aclimatación del europeo los inconvenientes de la anterior, por hallarse, en uno y otro litoral, fuera del límite de las enfermedades endémicas de las costas, y sí ofrece al agricultor y al industrial inteligentes y laboriosos, grandes elementos de prosperidad”.

El mensaje es claro: tanto el clima como la vegetación de México ofrecen tantas o incluso más oportunidades de desarrollo que el preciado subsuelo. Considerando la lectura de la obra paralela, Cuadro geográfico, estadístico e histórico de los Estados Unidos Mexicanos, García Cubas presenta las ventajas agrícolas de cada región del país, al que divide en tres grandes zonas: cálida, templada y fría.

Los productos vegetales de la República que García Cubas ofrece a sus lectores son ricos y variados. Incluso en las zonas donde el clima es menos favorable para la producción agrícola, el “cuerno de la abundancia” oculta maravillas para el inversionista: “Los bosques y las selvas se hallan poblados de árboles tan estimados por sus finas maderas de construcción o de tintes, como por sus frutos o propiedades medicinales”.

El inventario de productos agrícolas valorados en su época es largo y se mencionan todas las ventajas que ofrece el país para su producción y explotación, comenzando por la caña de azúcar, el algodón, café, vainilla, el árbol del hule, tabaco, cacao, añil y, por supuesto, los magueyes productores de pulque y aguardientes. Las plantas textiles son tan importantes para el autor que le dedica todo un apartado de su texto, donde el “oro verde”, el henequén yucateco, ocupa un lugar prominente junto con el algodón.

La composición gráfica de la “Carta agrícola” sigue el mismo derrotero que las láminas que le preceden: al centro un mapa de la República Mexicana, en este caso señalando los productos agrícolas más importantes, así como las selvas y bosques. El plano está rodeado por doce cromolitografías, originalmente acuarelas creadas por los artistas Miguel R. Hernández y Vicente Calderón; las dos laterales, mayores que el resto, muestran ejemplares de la diversidad vegetal del país; las superiores e inferiores presentan vistas de productivas haciendas, campos de cultivo y de las diversas etapas de la producción como la siembra, el riego y la cosecha.

El detalle y la calidad artística de esas reproducciones litográficas llevan a desear saber el destino final de las acuarelas que les sirvieron de base, pero también hacen que la lectura del Atlas pintoresco e histórico valga aún más la pena.

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “Riqueza agrícola” de la autora Luis Arturo Salmerón y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 77.

 

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