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  • sábado, 21 de octubre de 2017.

La fuerza de los ferrocarrileros

La década histórica de 1948-1958
Por: Cuauhtémoc Domínguez Nava

En 1948 inició un proceso de represión en contra del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana (STFRM) que buscaba eliminar su democracia y acabar con su cultura de protesta, pero sobre todo fulminar su independencia política, vigente por años en el siglo XX.

 

 

El ferrocarrilero fue el más combativo e independiente de los sindicatos de industria, por lo cual resultó el primero en ser reprimido en ese año, en un acto conocido como “el charrazo”. Con ello inició una tradición vigente que consiste en imponer en los sindicatos a líderes corruptos bajo un esquema corporativista para manipular los incrementos salariales, controlar e impedir los emplazamientos a huelga, así como defender los intereses de la empresa y del gobierno en turno.

 

Entre 1948 y 1958, los ferrocarrileros de base, de forma silenciosa y clandestina, organizaron lo que hoy se conoce como el movimiento ferrocarrilero que tuvo su auge entre 1958 y 1959, y tenía como fin combatir el charrismo sindical, expulsar a los líderes impuestos, demandar incremento salarial, recuperar su independencia política y reconquistar el espíritu de lucha obrera perdido en la década pasada.

 

1947: depuración y moralización

 

Al iniciar el año de 1947, los ferrocarrileros comenzaron un proceso de denuncia y crítica hacia el STFRM y la empresa Ferrocarriles Nacionales de México (FNM), razón por la cual surgieron varios líderes con la intención de hacer cambios fundamentales e impulsar dos estrategias: la depuración y la moralización de dicha compañía, con el fin de mejorar la situación laboral y económica de los trabajadores.

 

Esta política fue promovida por el Comité Ferrocarrilero de Depuración Sindical, que era una continuación de la política obrera del presidente de México, Miguel Alemán (1946-1952); su objetivo fue denunciar la corrupción y la anarquía que gobernaba en el sindicato, producto del “mal manejo de las cuotas sindicales y la pésima administración realizada por los líderes ferrocarrileros Luis Gómez Z. y Valentín Campa”.

 

Los ferrocarrileros en general apoyaron la idea de depuración y moralización de su sindicato y de la empresa; sin embargo, las secciones sindicales 15, 16, 17 y 18 se opusieron a tales medidas al interpretarlas como un engaño y una solución relativa y manipuladora.

 

Fidel Velázquez, líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), coincidió con la estrategia del Comité de Depuración e hizo diferentes declaraciones para acusar a los dirigentes ferrocarrileros, Gómez y Campa, así como a los líderes y delegados de las mencionadas secciones sindicales, por haber cometido actos de corrupción dentro del sindicato.

 

La oposición ferrocarrilera argumentó que la estrategia de depuración del STFRM fue elaborada durante el congreso de la CTM en 1947; por lo tanto, era una definición política e ideológica ajena a su naturaleza y a las necesidades de los trabajadores del riel. De esta forma, inició el incremento de control sobre el sindicato por parte del gobierno de Miguel Alemán.

 

Por el aumento salarial

 

El periodo de 1947-1952 se encuentra marcado por una intensa lucha ferrocarrilera por lograr un aumento salarial e implícitamente cambiar la política interna del STFRM. Múltiples telegramas fueron enviados a la presidencia de la República, provenientes de diferentes secciones sindicales de todo el país, con la finalidad de que fuera atendida su demanda y obtener un salario digno. Por ejemplo, la sección sindical 36, de Tamaulipas, argumentó que al hacer una “comparación del sueldo que recibían cuando las líneas nacionales estaban administradas por norteamericanos, resulta que actualmente dado el valor de nuestra moneda ni siquiera a esos sueldos llegaron”.

 

La solicitud de aumento salarial revivió la tradición de lucha política del gremio ferrocarrilero y generó el despertar de los líderes locales y nacionales que, al pasar el tiempo, enfrentaron los acontecimientos de 1948 y atravesaron la década histórica que analizamos.

 

Tal fue el caso de Demetrio Vallejo, quien en 1947 manifestó públicamente su inconformidad por los bajos salarios obtenidos y las agresiones que recibían sus compañeros por parte de las autoridades. Como representante de la “Delegación Uno” del sindicato de ferrocarrileros, envió un telegrama a la presidencia de la República en el que “pide su intervención” en Matías Romero, Oaxaca, para que “suspenda atropellos que vienen cometiendo contra dirigentes y trabajadores por haberse sindicalizado”. El contenido del documento fue un acuerdo tomado en una asamblea efectuada en las instalaciones de Ferrocarriles Nacionales de esa entidad.

 

1948: el charrazo

 

El año de 1948 fue usado por la administración de Miguel Alemán para incrementar el control y la represión, disminuir la influencia de la izquierda y combatir la independencia sindical. El STFRM fue el primero sobre el que cayó la fuerza del Estado y posteriormente siguieron el sindicato petrolero en 1949 y el minero en 1951.

 

En septiembre de 1947, Luis Gómez, secretario general del STFRM, eligió a Jesús Díaz de León, apodado “el Charro” por su afición a la charrería, como candidato para ocupar el cargo de secretario general. En un error de cálculo político, la izquierda mexicana también lo apoyó a través de Hernán Laborde y Valentín Campa. El historiador inglés Barry Carr ha explicado que con dicha decisión se abrió el camino a los líderes sindicales corruptos.

 

El 31 de enero de 1948 finalizaron las funciones de Luis Gómez como secretario general STFRM. En febrero, Díaz de León ocupó el cargo y anunció la integración de una comisión integrada por el gobierno, la empresa (Ferrocarriles Nacionales) y el sindicato. Dicha medida no fue aceptada por todos los trabajadores (los inconformes fueron encabezados por Campa) por considerar que tenía como “objetivo crear una ofensiva de reajustes contra los ferrocarrileros, que era en lo que a final de cuentas se concentraría la labor de reorganización financiera”.

 

El presidente Alemán marcó los nuevos tiempos políticos del STFRM, específicamente entre agosto y octubre de 1948, cuando hizo actuar a su nuevo líder Díaz de León contra la izquierda ferrocarrilera y sus cabezas Campa y Gómez. El 28 de septiembre, el nuevo dirigente los acusó de “fraude y apropiación indebida de fondos sindicales” por la cantidad de 226 000 pesos cuando estaban al frente del sindicato y de manera inusual llevó el caso directamente ante la Procuraduría General, sin pasar antes por los procedimientos internos de la agrupación.

 

A partir del 8 de octubre, la policía del Distrito Federal inició la persecución de Gómez y Campa. Fue hasta ese momento cuando los ferrocarrileros comprendieron que las acciones asumidas por Díaz de León no eran solo acusar a dichos líderes, sino que en realidad lo que se pretendía era acabar con la línea comunista y la oposición en el sindicato y aumentar el control de este por parte del Estado.

 

El 13 de octubre de 1948, los comités Ejecutivo General y de Vigilancia del STFRM decretaron la suspensión temporal de Díaz de León en el cargo de secretario general, por haber violado el contrato colectivo de trabajo y traicionado la integridad del sindicato. En medio de la “confusión y desmoralización” que existía en el sector ferrocarrilero, la respuesta del gobierno alemanista no tardó en llegar y el 14 de octubre se atacaron de forma violenta las instalaciones del STFRM:

 

Tropas federales, policía y agentes de la Dirección Federal de Seguridad tomaron los locales nacionales del sindicato así como las oficinas de cuatro secciones de la Ciudad de México (15, 16, 17 y 18). Los operativos fueron personalmente supervisados por el coronel [Carlos I.] Serrano que, como se sabía, era íntimo amigo (algunos decían que era compadre) de Díaz de León. Más tarde en octubre, Gómez fue detenido acusado de fraude mientras Valentín Campa se veía obligado a pasar a la clandestinidad durante un año hasta que, en noviembre de 1949, fue detenido, juzgado y condenado a ocho años de prisión.

 

 

Díaz de León violentó la vida interna del sector ferrocarrilero y convirtió su gestión en sinónimo de corrupción. Ello abrió un abismo entre los ferrocarrileros de base y los líderes sindicales charros; estos últimos estuvieron amparados por el gobierno durante la década analizada. A partir de dichos actos, en el medio ferrocarrilero se generó descontrol, desmoralización e inmovilización política.

 

1958: por un salario digno y contra el charrismo

 

Entre 1957 y 1958, en la coyuntura de la sucesión presidencial, el mandatario Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) se vio obligado a flexibilizar la relación entre el poder y la sociedad; entonces abrió un espacio para la libre protesta y la acción sindical independiente. Los ferrocarrileros aprovecharon los tiempos políticos para reorganizar su movimiento a nivel nacional y romper las cadenas impuestas por el charrismo.

 

Por acuerdo colectivo de la base ferrocarrilera surgió la Gran Comisión Pro-Aumento de Salarios el 2 de mayo de 1958. Estuvo encabezada por la Comisión Ejecutiva Ferrocarrilera, representada por líderes de distintas secciones con Demetrio Vallejo al frente, además de Jesús Velázquez, Pedro González, Francisco Sánchez, J. Antonio Meza, Jorge Murillo, Agustín Hinostroza y Servando Haaz. Tuvo como objetivos demandar un aumento salarial de 350 pesos, con retroactividad al 1 de enero de 1958, y destituir a los dirigentes charros de los comités ejecutivos locales y nacionales del STFRM.

 

Para entonces el líder charro Samuel Ortega ejercía el cargo de secretario general del STFRM, mientras que Roberto Amorós era el gerente general de Ferrocarriles Nacionales de México. Ambos se negaron a atender las demandas de la Gran Comisión. Por ello, el 11 de junio de 1958 Vallejo planteó radicalizar el movimiento para presionar aún más a la empresa a través de paros escalonados, aunque estaba consciente de que se podría perder todo, pues no existía la garantía de contar con el apoyo de todas las secciones sindicales del país.

 

Los plazos que se dieron fueron los siguientes: el 25 de junio debía existir una respuesta favorable a la solicitud de aumento salarial retroactivo. Se acordó que iniciarían el primer paro escalonado el día 26 a las 10:00 am, con una duración de dos horas e increment de dos por día, hasta llegar al paro indefinido.

 

La estrategia tuvo resultados positivos. El 1 de julio, Ruiz Cortines recibió a una comisión de ferrocarrileros para concederles un aumento salarial de 215 pesos sin perjuicio de lo que pudiera conseguir el sindicato en la revisión que se llevaría a cabo en noviembre siguiente. Con dicha decisión, implícitamente el primer mandatario de la nación les daba la razón a los paristas y desconocía a Samuel Ortega. Lo que siguió fue convocar a una elección democrática interna del STFRM, en la cual resultó ganador Vallejo, permitiendo con ello la eliminación temporal del charrismo sindical.

 

De esta forma, la década histórica de 1948 a 1958 representó la recuperación de la esperanza y la cultura combativa presente en los ferrocarrileros para reorganizar su movimiento y actuar contra la cultura de la imposición, del corporativismo y del charrismo.

 

El sindicato ferrocarrilero se transformó de forma significativa en los aspectos económico y político entre mayo y agosto de 1958, situación que incrementó su fuerza e independencia política. Sin embargo, esto generó un enfrentamiento y finalmente la represión por parte del gobierno de Adolfo López Mateos durante los primeros meses de 1959.

 

La brutal represión del Estado dio fin al movimiento sindical independiente más importante de la segunda mitad del siglo XX. Pese a ello, su aportación cultural triunfó desde el momento en que logró la reorganización obrera, los paros escalonados, el incremento salarial y la elección de líderes representantes de la base trabajadora. Esta historia será motivo de un próximo artículo en estas páginas.