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  • domingo, 17 de diciembre de 2017.

La batalla de Estación Esperanza

El principio del fin
Por: Pedro Salmerón Sanginés y Luis Arturo Salmerón

Los primeros gobiernos surgidos de la Revolución se caracterizaron, en la década de 1920, por la incapacidad de los revolucionarios para arreglar sus diferencias y repartir las cuotas del poder por medios políticos y pacíficos. En 1923 y 1924 esa incapacidad se tradujo en una terrible sangría y un enorme gasto económico, cuando el gobierno obregonista tuvo que detener sus intentos reconstructores y enfrentarse a la última rebelión con posibilidades reales de derrotar al gobierno instituído.

 

El 28 de enero de 1924  las fuerzas leales al gobierno, encabezadas por el general Eugenio Martínez, derrotaron en Estación Esperanza, situada en los límites entre Puebla y Veracruz, a los rebeldes que mandaba el general Guadalupe Sánchez, con lo que la rebelión delahuertista perdió su gran potencia inicial que hacía pensar en su inminente triunfo. De aquí en adelante los delahuertistas fueron derrotados en todas las batallas. Cayó Córdoba y después Orizaba. Poco después cayó el Puerto de Veracruz, de donde el 5 de febrero salió huyendo De la Huerta rumbo al puerto de Frontera, Tabasco, para después embarcarse hacia La Habana con destino a Estados Unidos.

La rebelión había iniciado el 6 de diciembre anterior, cuando el candidato presidencial del Partido Nacional Cooperatista, Adolfo de la Huerta, proclamó el Plan de Veracruz llamando a derribar al gobierno presidido por el general Álvaro Obregón. Así empezó una rebelión largamente anunciada que dividió a la clase gobernante surgida de la Revolución.

Pero la revuelta tuvo un paradójico resultado positivo para la institucionalización del país, pues fueron eliminados muchos de los caudillos y caciques emanados de la Revolución que impedían con su sola presencia la centralización del poder del Estado y el tránsito de la política personalista a la institucional.

La victoria obtenida por Martínez en Esperanza permitió a Obregón reconcentrar sus efectivos para derrotar a los rebeldes de Jalisco y conquistar, una a una, las plazas donde se habían hecho fuertes los rebeldes.

De ese modo, a pesar de su gran fuerza inicial, la rebelión fue sofocada por las fuerzas leales al gobierno. Esta relativamente rápida victoria canceló la época de los cuartelazos y las rebeliones armadas como vía para llegar al poder, aunque todavía se hicieran un par de intentos más, claramente condenados al fracaso, en los años siguientes.

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “La batalla de la Estación Esperanza” de los autores Pedro Salmerón Sanginés y Luis Arturo Salmerón y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 12.