¿El famoso peinado de la princesa Leia proviene de mujeres mexicanas?

Ricardo Cruz García

Rogue One, la última película de la saga de La guerra de las galaxias, termina con un mensaje de esperanza de la princesa Leia Organa, aquella mujer valiente y fundamental en la lucha contra el Lado Oscuro que, por más dificultades que enfrente, siempre mantiene incólume su característico peinado de dos chongos a cada lado de la cabeza y rodeando las orejas, como unos “audífonos peludos”. La cinta se estrenó pocos días antes de que muriera Carrie Fisher, quien dio vida e identidad al personaje durante años. Al día siguiente murió su madre, Debbie Reynolds, también una reconocida actriz.

 

Rogue One trajo de nuevo a debate la cuestión sobre de dónde proviene aquel look que distinguió a la bella princesa Leia e incluso fue imitado en el mundo de las pasarelas. El “loco peinado” no tiene nada de futurista y si bien George Lucas lo hizo mundialmente famoso, él no lo inventó. El creador de Star Wars comentó a la revista Time en abril de 2002: “En la película de 1977 [Episodio IV: una nueva esperanza], yo estaba trabajando muy duro para crear algo diferente que no estuviera de moda, entonces me incliné por un estilo de mujer revolucionaria suroccidental de los tiempos de Pancho Villa, que es justo lo que es. Los chongos son básicamente del México de principios de siglo”.

 

Tal afirmación resultaba increíble porque en todas las fotos de la Revolución las soldaderas o Adelitas aparecen con el cabello largo, alborotado, enrebozado, con alguna trenza o corto, pero nunca con esos rollos sobre las orejas (aparte de incómodo, seguro ni tiempo había para eso). Lo que sí es que en aquella época –y aun años después– había mujeres mexicanas que lucían el distintivo peinado o alguno similar.

 

En la exposición La guerra de las galaxias y el poder del vestuario, que abrió en noviembre de 2016 en el Museo de Arte de Denver (EUA), se exhiben unas fotografías del archivo de la producción de la saga, entre las que resalta la de una revolucionaria mexicana, canana incluida: es la coronela Clara de la Rocha –hija del carrancista Herculano de la Rocha–, perteneciente a una rica familia que se estableció entre Chihuahua y Durango. También destacan unas instantáneas de principios del siglo XX de mujeres de la antigua etnia hopi del sur de Estados Unidos, en las que sobresalen sus llamativos peinados con unos rodetes como antenas, los cuales son característicos de las mujeres solteras, quienes tras ser desposadas se sueltan el cabello.

 

Por lo tanto, lo que inspiró a Lucas fue una mezcla de una singular revolucionaria mexicana y el estilo de las solteras hopi. Sin embargo, cabe mencionar que, en el caso de nuestro país, ese peinado no era algo típico o exclusivo de las mujeres que participaron en la revolución (como puede pensarse tras leer la afirmación del artífice de Star Wars), sino que fue un look que debió haber estado de moda en la región del norte de la República, en especial en la zona fronteriza, pues en el sur de Estados Unidos (territorio mexicano hasta 1848) el estilo de las hopis seguramente tuvo más difusión debido a las fotografías etnográficas de la época, aunque hasta la fecha las mujeres de esa etnia usan los rodetes en su cabeza. Por lo demás, el peinado no se puede limitar a la primera mitad del siglo XX, pues actualmente en México también podemos ver a mujeres peinadas con las típicas “cebollas” o “cebollines” en el cabello, muy similar al look que retomó La guerra de las galaxias.

 

Cuando Fisher hacía casting para interpretar a la princesa Leia, su mamá le comentó que tuviera cuidado con los “peinados raros”. Pese a ello, al final su hija protagonizó a la mujer que encabezó una rebelión con todo y los chongos por los que muchos siempre la recordaremos. “George no quería una doncella en apuros, no quería la princesa estereotípica. Quería una luchadora, quería a alguien independiente”, dijo Carrie a la BBC en 1977. Sin duda, el peinado fue esencial para lograrlo. 

 

 

El artículo "Que la fuerza (de mi peinado) los acompañe" del autor Ricardo Cruz García, se publicó íntegramente en Relatos e Historias en México, número 102