• martes, 19 de septiembre de 2017.

¡Vamos al cine! Les recomendamos “El gran Calavera”

El antecedente del filme “Nosotros los nobles” en el cine blanco y negro
Por: Marco Villa

“Haces bien. Eres rico, todavía joven, ¡hay que disfrutar de la vida!”, le dice de forma hipócrita Ladislao a su hermano Ramiro, luego de que este le confiesa que la noche anterior se había entregado a una parranda “atómica” que lo llevó a la prisión por enésima vez. Y es que la afición a la bebida de este “calavera desenfrenado” lo mantiene no solo postrado ante las responsabilidades del trabajo y el hogar, sino en franca desazón y despilfarrando su fortuna. Para colmo, la situación ha convenido a Ladislao y su esposa Milagros, así como a sus hijos Eduardo y Virginia, aunque esta última no abusa como los demás, que por nada declinan de sus intenciones de exprimir la fortuna de don Ramiro en vez de preocuparse por su salud.

 

Pero la situación cambia con la visita de su otro hermano, Gregorio, que molesto por la vida que tienen urde un plan para poner fin a la trágica suerte del borrachín y a la vez detener el caos familiar. Sin embargo, lo que pinta para ser una lección a don Ramiro toma un rumbo inesperado: ahora lo que hay que remediar es la vilipendiada moral de los familiares, lo cual genera una serie de hilarantes enredos.

 

Esta deliciosa comedia contó con la actuación del saltillense Fernando Soler, quien dio vida al ricachón demostrando su gran experiencia en las tablas, la cual comenzó a acumular en producciones internacionales de teatro y cine desde hacía ya varias décadas y en las que destacó por su naturalidad interpretativa, fueran dramas o comedias. En este sentido, vale la pena recordar que don Fernando venía de interpretar el año anterior a un padre feroz en la exitosa Una familia de tantas (Alejandro Galindo, 1948), por lo que su presencia en las marquesinas se mantenía fresca en el recuerdo del público.

 

El gran calavera fue una de las pocas películas de la época de oro del cine mexicano que reproducían el ambiente de la alta sociedad, ya que por lo regular los filmes remitían al barrio o al pueblo. Sobre estos nuevos ricos de la época alemanista, el relato acentúa con fino humor la extrañeza que les provocaba la idea de trabajar. Es interesante observar la forma en que la historia introduce una sutil crítica a esa sociedad mexicana que sucumbía ante la banalidad y el ocio, pero no abandonaba sus más acendradas tradiciones.

 

La dirección quedó en manos del español Luis Buñuel, quien tomó la batuta luego de que Fernando Soler desistiera de hacerlo por sentirse saturado ante sus tareas como actor y productor. Así, el icónico cineasta que incursionara en el surrealismo se aventuraba con su segundo trabajo en nuestro país, con el que prácticamente se jugaba su ingreso al cine comercial, luego del rotundo fracaso de su primera película Gran Casino (1946), pese a que tuvo a Jorge Negrete y Libertad Lamarque en los estelares. El éxito de El gran calavera fue abrumador y Buñuel demostró que podía ser un director eficaz: logró rodar en menos de tres semanas –principalmente en los estudios Tepeyac, al norte de Ciudad de México– sin exceder el presupuesto asignado, además de atraer mucho público en sus primeras semanas en cartelera.

 

Puede decirse que el filme resultó un punto y aparte de su etapa en México, ya que es una comedia en la que apenas asoman los gestos buñuelianos que desde los años veinte cautivarían al cine mundial, como el erotismo y la crudeza inscritos en la idea de lucha de clases de la época, por mencionar algunos. Desde luego, su fina ironía y crítica social reservaron a esta cinta un lugar especial en su universo fílmico que vale la pena conocer.

 

Diviértase con esta producción que, a pesar de los años, sigue siendo una película fresca; tan fresca que recientemente inspiró la exitosa Nosotros los Nobles (Gary Alazraki, 2013).

 

 

La breve "El gran Calavera" del autor Marco Villa se publicó íntegramente en Relatos e Historias en México número 109