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  • domingo, 23 de abril de 2017.

La impresionante procesión del Santo Sepulcro

Una tradición centenaria en Campeche
Por: José A. Chab Cárdenas

 

Cada año, durante la Semana Santa, la catedral de San Francisco de Campeche revive parte de su pasado mediante la celebración de una de las manifestaciones más populares y ricas de la región, la cual es admirada por propios y extraños por las calles de la ciudad: la multitudinaria procesión del Santo Sepulcro.

 

 

 

El culto al Santo Entierro en estos lares es tan antiguo como los orígenes de la ciudad de Campeche y se ha enriquecido por fieles dispuestos a continuar su celebración. El Cristo yaciente, que es la pieza inicial de lo que hoy conforma el Santo Sepulcro, ha sobrevivido a las vicisitudes de la zona, desde los tiempos virreinales en que los saqueos piratas eran comunes hasta el siglo XXI. Además, esta tradición ha permitido trasformar la representación de la muerte de Jesús en algo místico, vivo y palpable para la sociedad campechana que la mantiene como un gran símbolo de fe, historia y arte.

 

Cuestión de fe

 

El origen de esta tradición que se celebra cada Viernes Santo se remonta a 1540, cuando se estableció la primera capilla para españoles en la localidad a instancias de Francisco de Montejo, la cual fue dedicada a la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de la Concepción. Con ello se dio la propagación de cultos muy arraigados entre los conquistadores de la naciente villa de San Francisco de Campeche, la cual había adquirido la distinción de puerto mercante. En ese tiempo, los marinos buscaron para su protección el auxilio divino, así que Nuestra Señora de la Soledad y el Santo Sepulcro de Jesucristo fueron los elegidos.

 

Para el siglo XVII, en la península de Yucatán se registran varias cofradías católicas bajo la protección de los misterios pasionistas de la Virgen María; las más importantes se ubicaban en la ciudad de Mérida y el puerto de Campeche. En este último lugar, ya para este periodo las fuentes históricas hablan de una procesión vespertina con el Santo Sepulcro, acompañada por un sermón, lo cual era contemplado no sólo por los españoles, sino también por los indígenas, a quienes se les permitía estar intramuros en la villa durante dicha celebración.

 

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “La impresionante procesión del Santo Sepulcro” del autor José A. Chab Cárdenas, que se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 94.